Defensa del impuesto de sucesiones y donaciones

Ferrán del Alcázar

  1. ¿Bajar impuestos es de izquierdas?.

Dijo José Luis Rodríguez Zapatero en 2003 que “bajar impuestos es de izquierdas”. Ciertamente, lo es solo si beneficia a los más desfavorecidos y la reducción ayuda a quien más lo necesita. En caso contrario, bajar impuestos no es “de izquierdas”. Los impuestos son la forma de financiar los servicios públicos y de redistribuir los recursos económicos en las sociedades modernas, que adolecen precisamente de ser injustamente desiguales.

Entre los mecanismos de corrección de las desigualdades, los impuestos son fundamentales para reparar los excesos del capitalismo y garantizar un Estado de Bienestar fuerte en las economías liberales.

La reducción o eliminación de impuestos es fácil de defender políticamente (“incrementa el consumo”, “da un respiro a los consumidores”, “hace disminuir la defraudación y aumenta la recaudación”, etc.), pero salvo la excepción citada, no es una decisión política que pueda considerarse de izquierdas; ese razonamiento puede resultar, incluso, ofensivo.

Eliminar el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones (ISD) supondría la cronificación de la desigualdad y la acumulación de riqueza con independencia del mérito y del esfuerzo individual. Nuestro sistema económico se fundamenta en la propiedad privada y la herencia, pero la Constitución establece una limitación a ambos derechos: la función social, que delimitará su contenido, de acuerdo con las Leyes (artículo 33).

En el caso de la herencia, esa función social se refleja en la necesidad de que la sociedad obtenga algún beneficio de la riqueza transmitida por la muerte de una persona: el impuesto de sucesiones.

  1. ¿Qué pasa con el IDS? Desmontando argumentos.

Como el impuesto ha sido criticado fuertemente en medios, especialmente en los conservadores, veamos cómo desmontar esos argumentos:

1º. “El ISD obliga a pagar dos veces, el fallecido ya pagó por los bienes transmitidos”.

El Derecho Tributario prohíbe doble imposición, es decir, que una persona pague varios impuestos similares por el mismo hecho y con idéntico fundamento o motivo. Esa prohibición requiere, pues, tres identidades: sujeto, hecho y fundamento.

Que una persona pagara IVA (o Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, según el caso) por comprar un bien inmueble, IBI por ser titular del mismo, etc., no obstaculiza que la transmisión por causa de muerte devengue un impuesto: se grava otro hecho distinto (la adquisición del bien a título gratuito), a un sujeto distinto (al heredero, no al fallecido) y por un motivo distinto (el enriquecimiento sin mérito del heredero, más allá del vínculo de parentesco o testamentario. No concurre ninguna de las identidades.

Analicemos un ejemplo: una persona, con su salario, compra un libro a un librero; según este argumento, el librero debería negarse a declarar la retribución percibida porque el comprador ya pagó el IRPF por esa cantidad. Es absurdo.

2º. El ISD es injusto y excesivo. Muchas personas renuncian a su herencia por su culpa.

Esta semana, el diario Levante ha publicado que la Comunitat Valenciana cuenta con el Impuesto de Sucesiones más alto de España. Aceptar un patrimonio de 309.000 € obliga a pagar 3.582 € en la Comunitat, apenas un 1% de lo heredado. Sin embargo, sostener que alguien rechaza una herencia por ese 1% es muy atrevido.

Una causa posible de las renuncias puede encontrarse en el hecho de que las deudas del causante también se transmiten. En ocasiones, dichas deudas exceden el patrimonio heredado, o lo menguan considerablemente, por lo que pagar el impuesto, junto con otros gastos (notaría, partición de herencia, pago de legados) puede dejar poco o nada a repartir. Parece un motivo más plausible, y concuerda con el hecho de que, durante la crisis hipotecaria se hayan multiplicado las renuncias a herencias, como explicaba ya en 2015 El Mundo.

3º. El ISD perjudica sobre todo a quienes heredan poco, o a quienes heredan solo una casa que necesitan para vivir.

En ocasiones este argumento ha utilizado medias verdades o mentiras, directamente, para hacer campaña contra el ISD.

En el artículo enlazado se culpa al ISD de que una mujer sea embargada, pero su abogado admite “falta de información y cúmulo de errores”, y se contienen inexactitudes importantes sobre los procedimientos tributarios. En realidad, la mujer fue gravemente negligente en la gestión de la herencia, fue sancionada y no pagó una deuda que aumentó durante años.

Pueden darse situaciones injustas (por ejemplo, que quien hereda deba pagar mucho dinero para no tener que vender una propiedad inmobiliaria de alto valor simbólico) pero ello no invalida la naturaleza del impuesto ni desvirtúa su función redistributiva.

Además, las leyes reguladoras del impuesto prevén particularidades relativas a los parientes y mínimos exentos, e incluso plazos para pagar la deuda, por lo que se puede aceptar llevar el debate a esos casos excepcionales; discutamos cómo mejorar la regulación del impuesto, no su existencia.

4º. Si una persona, con su esfuerzo y pagando impuestos, ha acumulado un patrimonio durante toda su vida, es injusto que sus hijos deban pagar impuestos por disfrutar esos bienes.

Este argumento, vinculado a los anteriores, se desmonta con el fundamento mismo de este y otros impuestos.

Sea cual sea el esfuerzo de una persona o la intensidad de su trabajo, se habrá beneficiado de que existen servicios e infraestructuras públicas. Por ejemplo, cualquier empresario se beneficia del sistema de carreteras que permite a los bienes que vende llegar a su destino; del sistema educativo que da a sus trabajadores la formación necesaria para desempeñar su trabajo; de las instalaciones de tuberías y electricidad que hacen de su oficina un lugar funcional; del sistema sanitario que protege a él o a sus trabajadores. Y un largo etcétera.

Aunque una persona utilice la escuela privada y la sanidad privada, es innegable que lo público le ha beneficiado. Y lo público existe porque existen impuestos. Por tanto, es justo que la Hacienda Pública perciba una parte de lo que se ha generado.

  1. Concluyendo

Es deseable una regulación común en toda España del impuesto que corrija desigualdades recaudatorias y desequilibrios entre territorios. Defender su eliminación, sin embargo, carece de justificación más allá de, siendo bien pensado, el electoralismo (ya que el argumento de que la reducción del impuesto atrae patrimonios es poco útil, porque no ha tenido efectos recaudatorios relevantes) o, siendo mal pensados, el deseo de mantener el privilegio a los patrimonios más importantes y la perpetuación de las desigualdades.

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