Fútbol y religión, el acoso

Fernando Flores

Hay gente que se permite afirmar que la cría de un chimpancé sano vale más que un pequeño discapacitado hijo de un hombre.

La asignatura de religión te enseñará por qué se pintaron los cuadros más importantes de la historia, por qué se construyeron los edificios más bellos de Europa, y cómo tener las claves de la crisis que estamos viviendo.

La primera idea o frase, la del chimpancé, es un lamento del arzobispo Rouco en su intervención de anteayer en el Foro Europa. La segunda pertenece al video promocional de la asignatura de religión que circula por las redes desde hace unas semanas.

Mi sincero propósito liberal es el de respetar no solo la libertad religiosa de mis conciudadanos, sino también el de no entrar en su diálogo religioso interno, verlo desde fuera, atender a cómo se desarrolla, y aprender en lo que pueda. En cierto modo es lo mismo que me sucede con el fútbol. Al no ser aficionado, pero sí liberal, admito con deportividad que los informativos le dediquen la tercera parte de su tiempo, y que las celebraciones de las innumerables victorias colapsen con frecuencia el centro de la ciudad. Y es mi propósito no opinar sobre los entrenadores, los fichajes y las alineaciones, sino aprender de lo que de bueno tiene el fútbol como deporte.

En realidad me gustaría que mi relación con éste fuera la de Camús, y poder decir, con él, que lo que más sé acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol.

Y, más allá de mi ateísmo, entendería que las creencias de la gente y su vinculación a la Iglesia fueran la sencilla explicación del miedo del ser humano a la muerte; la esperanza en otra vida, esta vez mejor; el anhelado reencuentro con los seres queridos en el más allá…

Pero nada de esto es así. A pesar de que tanto la Iglesia Católica como la Real Federación Española de Fútbol son entidades asociativas privadas (en principio sin ánimo de lucro), y de que deberían dedicarse a sus asuntos privados, la verdad es que no lo hacen. La verdad es que nos acosan. Y además la segunda lo hace cargada de victimismo, lo que resulta, si cabe, más insultante.

Los grandes clubes de fútbol se muestran como modelos de valores que la sociedad, especialmente los niños, deben emular. Y su ejemplo son el lujo, las malas artes nunca castigadas y el servilismo vergonzante a los patrocinadores (un entrenador agrede a otro en un ojo para provocar una bronca, y le mantienen en su puesto; una estatua emblemática de la ciudad se viste de los colores de un equipo por razones publicitarias).

La Iglesia consigue que se suprima de los colegios públicos la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, e impone la asignatura de religión. Negocia la actividad legislativa del Parlamento. Se financia con dinero público, pero monta negocios particulares, entre ellos medios de comunicación reaccionarios. Está exenta de numerosos impuestos.

Así que me siento como el caminante tranquilo y respetuoso con todos a quien unos energúmenos corpulentos y vocingleros no dejan de dar órdenes, cruzarse en su camino y propinarle codazos. Mientras me exigen que les dé las gracias. Y así me siento cuando leo la barbaridad sin amonestación que dice Rouco para atacar a quienes están en contra de la penalización del aborto (“que hay quienes prefieren a un chimpancé que a un niño discapacitado”), o veo un video tan tramposo y vergonzante como el de la obligada asignatura de religión (que probablemente olvidará explicar a los alumnos la intervención castradora de la Iglesia en la vida y obras de Copérnico, Giordano Bruno, Galileo, El Greco… y tantos otros). Entonces, aunque es poca cosa, hago uso de mi libertad de conciencia, mermada por todo esto, y escribo, bastante indignado, un post.

7 pensamientos en “Fútbol y religión, el acoso

  1. Comparto el contenido de esta página. Y al respecto recuerdo ahora lo que no hace mucho tiempo dijera (puede que no sea literal pues la cita la hago de memoria), el gran José Luís Sampedro: en la antigua Grecia, la medida de todas las cosas fue el hombre; en la Edad Media, fue la religión; y actualmente, el dinero…”

    Actualmente el dinero sí, pero con él y digamos que precisamente por él, parece que la medida de todas las cosas es, en efecto, el fútbol.

  2. Igualmente, Jesús, una cosa es la historia, otra la fe, y la historia enseñada desde la fe pierde ese nombre y se llama asignatura de religión.

  3. Como futbolero aquejado de fuerte anticlericalismo discrepo parcialmente del señor Flores. El fútbol es un deporte espectáculo o un espectáculo deportivo que no deja de ser un negocio multisectorial en el que entramos como consumidores los que queremos, y asumimos las consecuencias. Cierto es que hay futboleros pasivos, y me refiero a los que con talante más o menos liberal, con más o menos gusto, se tienen que tragar la sobredosis futbolística vigente en la sociedad en la que vivimos. La Iglesia Católica (las iglesias en general, pero en nuestro caso fundamentalmente ésta) es una institución que arrastra siglos de confabulación oprobiosa con el Poder y siempre en contra de aquellos que dice son los preferidos por su doctrina: los pobres. Levantó el brazo con el franquismo e impuso el nacionalcatolicismo; y si ahora pudieran (Rouco Varela está en ello) nos volverían a imponer su rígida, obsoleta e hipócrita moral como canon de inexcusable cumplimiento. Ahí está la contrarreforma dictada desde la Conferencia Episcopal y ejecutada por Ruiz Gallardón, y veremos hasta que punto apoyada por el Tribunal Constitucional. Creo que el fútbol invasivo y pesado es un juego infantil comparado con la intromisión abusiva y beligerante de una Institución que viene lamentándose amarga pero combativamente desde los años de la Ilustración. Retrocede y retrocede, obligada por los aires de libertad de la secularización, pero nunca da una pelota por perdida. Por ahí conecta con el fútbol.

  4. Gracias por el comentario, Joan. No voy a comparar la historia del fútbol con la de la Iglesia, porque no hay comparación… Que la una es y ha sido, objetivamente, más dañina que el otro, no cabe duda. El artículo no intenta igualar su historia, solo juega con lo que yo considero dos “acosos”… Sin embargo, una cosa. El fútbol es un deporte estupendo, pero se ha convertido en algo más que un juego invasivo y pesado. A su amparo se realizan negocios mafiosos que nos cuestan dinero a los ciudadanos (urbanísticos, por ejemplo, que conoces bien), se utiliza descaradamente para hacer política, con mi dinero (y con el tuyo), se pone de ejemplo para la sociedad con una mezcla de valores nada claro, ocupa el espacio (porque pone el dinero sobre la mesa a los medios de comunicación) que debía ser ocupado por otros deportes, incluso por el fútbol, pero quizás no el de los millonarios … En fin, llámame sensible, pero me siento como algo más que un consumidor pasivo que tengo que aguantar “liberalmente” sobredosis futbolísticas… Por cierto, ¿Soldado es del Valencia? No mete ni una…

  5. Sí, mucho de lo que rodea al fútbol es pura, con perdón, mierda. No hay más que ver a muchos de quienes se mueven en ese ámbito. De la Iglesia no hace falta hablar más: estamos de acuerdo. Y sí, Soldado es del Valencia y valenciano. Hoy no ha tenido su día. Habitualmente pelotas como las que hoy ha fallado suele meterlas.

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