Información vs. silencio o «el presidente no está para estos temas»

Pepe Reig

La dimensión propagandística de la política tiende siempre a crear las condiciones psicológicas adecuadas para los objetivos del gobierno de turno. Así, Zapatero quiso durante años transmitir su famoso “optimismo histórico”, hasta que se volvió en su contra porque la realidad apuntaba a una crisis que nadie iba a dejar de ver. Del mismo modo que el gobierno de Aznar había aprovechado los buenos indicadores macroeconómicos heredados de Solbes para inocular aquel mantra del “España va bien”, del que aún pretende vivir, mientras nos metía en la peor burbuja inmobiliaria y financiera de nuestra historia.

Igualmente, la insistencia del gobierno Rajoy en la “terrible herencia” de “haber vivido por encima de nuestras posibilidades”, en los sacrificios y el peligro griego, durante su primer año cumplía una función de adormecimiento, muy conveniente para volver aceptable cualquier recorte y estaba en sintonía con aquella “doctrina del shock, que tan buenos servicios ha rendido en la destrucción del Estado del Bienestar.

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La administración de contenidos propagandísticos pesimistas por los portavoces populares tuvo, sin embargo, un punto de inflexión tras la famosa rueda de prensa de los “tres tenores” (Sáenz de Santamaría, Montoro y De Guindos) a finales de abril, en la que se dieron datos tan realistas y previsiones tan a la baja, que lograron trasladar la impresión de que “el gobierno tiraba la toalla”. La alarma general que aquello produjo y la airada reacción dentro de sus propias filas de, entre otros, el propio Aznar, indujo el cambio de estrategia que ahora estamos viendo: salvo el uso, totalmente prohibido, del término “brotes verdes”, se nos bombardea ahora con toda clase se esperanzadores signos de recuperación y hasta se anuncia una pronta creación de empleo. Si el esquema no fuera tan obvio, sería inteligente.

Las estrategias de comunicación sobre la crisis acaban siempre en el dilema de si contar lo malo o anunciar lo bueno, pero con la corrupción es otro cantar. Desde que aflora el caso Gürtel, luego convertido en caso Bárcenas, la comunicación del PP ha consistido en negar la evidencia. Del “no hay nada” se pasó sin transición al “no me consta”. De ahí al “ya no trabaja aquí”, “nadie me chantajea” y “el presidente está en otra cosa”. Últimamente parece que llegamos a que “nos preocupa cero” y a que todos los demás son cómplices del tesorero, menos el partido que lo empleaba. En el fondo es pura superstición, creen que no hablando de ello, acabará desapareciendo.

Todo líder desea aparecer asociado a buenas noticias y no a chapapotes o primas de riesgo. Y, puesto que es el propio líder quien elige el contexto y el tema de su aparición, habrá que concederle ese derecho. Pero ¿seguro que un presidente del Gobierno puede desaparecer cuando sube la prima de riesgo o cuando Bárcenas enseña sus contabilidades y otras zarpas?

Bárcenas no existe y Rajoy tampoco

Cuando el 15 de marzo de 2012 la Audiencia Nacional reabrió la causa contra Bárcenas, el ex tesorero del PP, que había sido cerrada por el TSJ de Madrid, con imputaciones de cohecho, fraude fiscal y blanqueo de capitales, Mariano Rajoy atravesaba uno de sus frecuentes barbechos informativos. Hacía 10 días de la última rueda de prensa y aún tardaría otros diez más en comparecer, aunque en forma de “canutazo” (declaración breve) y sin referirse para nada al asunto. Tampoco lo hizo en las fechas siguientes que son las de la huelga general y la amnistía fiscal.

En todo ese año repleto de Gürtel, Bárcenas, amnistía, prima de riesgo, reforma laboral y rescate bancario, el presidente del Gobierno concedió 6 ruedas de prensa en solitario y 12 acompañado por algún ilustre visitante. Los datos, reunidos por 20 Minutos en una útil infografía, muestran el patrón  de conducta del silente Rajoy: evita hablar donde te esperan (podría surgir algún imprevisto) y nunca lo hagas cuando hay problemas, de eso que se ocupe otro. Puro estilo Rajoy.

Aunque el diario amigo, ABC, maquilla los datos para dar la impresión de que Rajoy comparece más que Obama, lo cierto es que de las 46 ruedas de prensa que le atribuye al presidente desde la investidura, sólo 5 son nacionales, es decir, en solitario y sin la típica limitación de dos preguntas por país. Por en medio hemos tenido huidas por el sótano, ruedas de prensa sin preguntas, comparecencias en forma de ectoplasma y respuestas del tipo de “ese asunto ya tal”. Puro estilo, puro Rajoy.

Por no hablar de las comparecencias ante el Congreso y el Senado. O mejor dicho de los vetos del PP a que comparezca el presidente. Ocho debates plenarios y 25 sesiones de control, según el recuento entusiasta del ABC. Pocas, tardías, esquivas y con graves síntomas de afasia en la pronunciación del nombre de Bárcenas.

Lo malo es que el potencial dañino del caso se acaba de multiplicar por mil con el ingreso en prisión del ex tesorero, la aparición de los papeles originales, que ya conocíamos por fotocopias, y las revelaciones sobre la cobertura que el partido y su presidente le han seguido dando al presunto delincuente. Si frente a la crisis había una estrategia, aunque burda, frente a esto no había más que la determinación de Rasell Crow en Una mente maravillosa: “¡No eres real! ¡No eres real!”.

El derecho a la información significa no sólo que se han publicar periódicos y telediarios, sino que las personas al frente de las instituciones han de ser visibles y audibles de modo permanente. Pero aquí, y es cosa que el periodismo y la militancia política tendrían que hacerse mirar, habíamos dejado de ejercer el derecho a preguntar, al tiempo que concedíamos un extraño derecho al silencio. El silencio de las comparecencias sin preguntas, preguntas sin réplica y mentiras sin desmentidos. La explicación, la información, la rendición de cuentas, las preguntas de diputados y periodistas, no son un medio de propaganda de quien está al mando, sino un derecho de quienes le han elegido y tienen el poder de revocarlo.

El rodillo parlamentario acaba de tener su momento de gloria al evitarle a Rajoy una comparecencia sobre el redoblado caso Bárcenas. La siesta veraniega que el Grupo Popular le ha garantizado a su presidente, pasará a la historia como el paradigma de un inexistente “derecho al silencio” que no es otra cosa que la extinción del derecho ciudadano a la información. Todo un síntoma, junto a la televisión de plasma, del deterioro de nuestra democracia. Pero es que había que recordar que la información no era una opción, sino un derecho y, por ende, una obligación.

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3 pensamientos en “Información vs. silencio o «el presidente no está para estos temas»

  1. COMO MEJOR ESTÁN LAS MOCIONES DE CENSURA ES CON PATATAS
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    …Así es como piensan los ciudadanos de este país, después de que el PSOE decidiera ayer relevar a Bárcenas en su objetivo de chantajear al Gobierno. Si primero fue el extesorero del PP y exsenador por Cantabria, Luis Bárcenas, quien amenazó al PP con publicar unos “papeles” de cobros B que pudieran inculpar a miembros de su expartido, exministros y empresarios de este país, si el Gobierno no cambiaba a los fiscales Anticorrupción del caso Gürtel; ahora es Rubalcaba y el PSOE quienes han decidido tomar el testigo de Bárcenas y amenazar al Presidente con presentarle una moción de censura si no comparece en el Parlamento para hablar de Bárcenas. Lamentable.
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    …El PSOE, que ya ha hecho de Bárcenas su vida política y que viene de recibir una nueva explicación de Rajoy en Moncloa, aunque a destiempo, pues los socialistas esperaban sus declaraciones justo antes del pasado domingo donde le tenían preparada la encerrona de los SMS, ahora contraataca con este chantaje de la moción de censura, con el único objetivo de seguir crispando la vida política en nuestro país, ralentizar la recuperación económica y continuar sembrando dudas sobre la honorabilidad del Presidente del Gobierno, ya que las posibilidades de que dicho recurso prospere son nulas.
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    …Para cumplir con su treta parlamentaria, los socialistas necesitarían cumplir 3 requisitos fundamentales, que, hoy por hoy, no tienen: un candidato a Presidente del Gobierno, un proyecto alternativo y los votos suficientes para desbancar la mayoría absoluta del PP en el Congreso, los 185 diputados que los españoles le dieron hace sólo un año en las últimas elecciones generales. Se trata, pues, de una misión imposible. Máxime cuando Cayo Lara de IU salió ayer a los medios, huraño y cejijunto, afirmando que no daría sus votos al PSOE hasta no conocer los “contenidos exactos” de la moción, lo que ya es en sí toda una declaración de intenciones hacia el “NO”. Algo parecido afirmaron ERC, BNG y Geroa Bai. CIU prefiere no apoyar todo ese circo mediático.
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    …Mientras tanto, los ciudadanos, tranquilos de que dicha moción no prosperará, desean que el Gobierno siga ejerciendo la misión que los españoles le encomendaron hace un año y no dé pábulo a los chantajistas de dentro o fuera de la cárcel, de partidos, periódicos o delincuentes. Quieren que el Gobierno siga con su hoja de ruta. Una hoja llena de grandes reformas, como la de la administración local, la del factor de sostenibilidad de las pensiones o la de las administraciones públicas, para continuar en la buena senda de la recuperación económica, la salida de la recesión y la generación de empleo. Para ello es necesario como 1ª medida la estabilidad política y no los circos mediáticos.
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    …Por eso, hoy por hoy, y viniendo de donde vienen, la gente de la calle piensa que como mejor están las mociones de censura es con patatas.

    • Hombre, Trigolimpio, con el mismo derecho al menos con nos traes aquí tu propaganda gubernamental, podré yo combatir la interesadas falsedades que nos cuentas.
      El argumento de que el PSOE toma el relevo de Bárcenas lo hemos leído en el argumentario PP de las ocho de la mañana. No cuela.
      Al fin y al cabo el «presunto» delincuente Bárcenas es «vuestro presunto delincuente» y ha recibido pagos e instrucciones -además de mensajes de ánimo- del partido hasta hace dos días. Así que. nada de conspiraciones. La corrupción que vocea Bárcenas no se la ha inventado nadie.
      Rajoy acudirá al parlamento, contra su voluntad, obligado por la amenaza de una moción de censura, la condena de la opinión pública y la presión internacional. El silencio, que es de lo que habla mi artículo, no le ha funcionado. Debe hablar y, si miente, debe dimitir.

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