¿Le queda algún derecho a Ricart?

Fernando Flores

Miguel Ricart está en Barcelona … el condenado por el crimen de Alcàsser ha llegado esta tarde procedente de Córdoba. Se desconoce si el traslado es provisional o definitivo… La Dirección general de la Policía ha comunicado a los Mossos d’Esquadra este traslado con el aviso de que deben mantener un ‘seguimiento no invasivo del sujeto’”.

Mientras alguna prensa catalana avisa a los ciudadanos de que el delincuente peligroso anda cerca, y que lo tienen controlado, en Valencia Las Provincias mantiene la agitación de la parroquia con un titular de la hermana del concejal asesinado por ETA, Miguel Ángel Blanco. “Europa defiende la impunidad”, se dice que manifestó (refiriéndose al Tribunal de Derechos Humanos) mientras estrechaba la mano del President Alberto Fabra, quien acababa de homenajearla. A pesar de que la Audiencia provincial de Valencia ha estimado que Ricart “ha superado extensamente” el tiempo que debía de permanecer en prisión, para María del Mar y quienes la aplauden los veintiún años que aquél ha pasado en la cárcel no son computables a efecto alguno.

Antes (el martes), el subdelegado del Gobierno en Córdoba declaraba que se iban a extremar las medidas de vigilancia ante la posibilidad de que Ricart llegase a la ciudad. Además, como esto no debió parecerle suficientemente efectista, el subdelegado quiso dejar bien claro (sin importarle si sus palabras constituían delito) que si aquél les visitaba, lo “lamentaría”.

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Hace un par de días el diario La Razón publicaba, en portada completa, el retrato del excarcelado ya envejecido, con un titular en su frente: “La cara del diablo”. Si se preguntara a sus editores por los motivos de esa elección injuriosa (y a las Noticias de La Sexta –y a algunos otros– por hacerse cumplido eco del rostro y la portada), probablemente argüirían que para cumplir el servicio público de informar a la gente y mantenerla segura. Un servicio que al parecer no se les había ocurrido ofrecer hasta ahora, pues desde hace años (y sin necesidad de anulación de doctrina Parot alguna) cada día han salido y salen a la calle personas condenadas por asesinatos, violaciones y otros delitos espantosos que, habiendo cumplido su condena conforme a ley, quedan en libertad y, anónimas, se confunden en la sociedad.

Pero esta sociedad enferma en la que vivimos (con políticos irresponsables y miedosos, medios de entretenimiento voraces e inmorales, instituciones débiles e incumplidoras, ciudadanos acomodados y dirigidos), no le ha concedido a Ricart el anonimato. Sin él, y sin familia o colectivos amables que le protejan (como sucede a los etarras que regresan al País Vasco), Ricart no va a recuperar ni la intimidad, ni el honor, ni la propia imagen, ni la presunción de inocencia para el futuro. Nadie le admitirá en una asociación, no le alquilarán una vivienda, le caerán a golpes los transeúntes si decide manifestarse pidiendo piedad o justicia (“él, que no la tuvo con las niñas”, dirán). ¿Acaso se lo imagina alguien votando en un colegio electoral? No va a tener trabajo. Entonces, ¿no le queda más que la vida, o el derecho al exilio?

Hoy ha muerto Mandela y la gente habla y hace discursos en todos los medios acerca de su figura y su coraje, alaba su pasión incondicional por la defensa de los derechos humanos, admira que su reivindicación por las víctimas no le impidiera perdonar a los verdugos… Aquí no se pide eso. Tan solo se pide que, habiendo cumplido la condena que la ley le impuso por los crímenes que cometió, se deje a Ricart con sus derechos y deberes constitucionales y en paz, si en su soledad puede alcanzarla.

5 pensamientos en “¿Le queda algún derecho a Ricart?

  1. Una vez saldada legalemente las cuentas con la justicia mediante la legislación vigente en el momento del delito, ha de acabarse todo tipo de discriminación. Si ahora parece que se ha sido demasiado blando, haberlo pensado antes. Y ajustarla ahora. La aplicación retroactiva de leyes en contra del condenado es también un crimen muy repugnante.

  2. No creo sea preciso utilizar muchas palabras para que quede constancia de lo que en su día sentimos -y seguimos sintiendo- por los hechos (cuya autoría él ha venido negando) por los que esta persona fue condenado, Una sola palabra es suficiente: horror. Horror, dolor, solidaridad con las familia, sentimos ayer y seguimos sintiendo hoy. Pero sentado lo anterior, coincido con la forma y con el fondo del comentario de hoy, aun cuando – quede claro – esta coincidencia, no significa que el horror, el dolor y la solidaridad, hayan desaparecido. No. Pero hoy estamos en otra cosa. Por eso si es asumible recordar hoy la gran película la Jauría humana, elijo estar al lado del sheriff Calder.

  3. Qué difícil… Evidentemente, tiene sus derechos. ¿pero están por encima del derecho del resto de ciudadanos a saber que viven, trabajan o compran al lado de un asesino atroz?

    • Es difícil, pero es un asesino que ha cumplido la pena que la ley le impuso. 21 años de cárcel, un día detrás de otro, aunque ahora parezca un suspiro. A falta de otros afectos (la compasión, el perdón, el amor al prójimo, que afortunadamente no se pueden obligar), tiene derechos. Hay que respetarlos. Saludos.

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