Constitución y esteladas, la paradoja

Fernando Flores

Creo que vincular la afirmación, o la humillación, de una idea política al resultado de una competición deportiva es absurdo. Un absurdo normalizado, que sucede a cada rato, sobre todo cuando se trata de reforzar las identidades nacionales, sean éstas las que sean. Ahora bien, perseguir esa opción prohibiendo la exhibición de banderas en un campo de fútbol, sean éstas esteladas, republicanas o rastafaris, es absurdo, inconstitucional y, si me apuran, contraproducente.

Es absurdo porque el argumento para explicar la prohibición –evitar comportamientos violentos– carece de peso ante quienes no necesitan motivos para agredir. Quienes buscan bronca no necesitan que el contrario exhiba una bandera, con que se exhiba a sí mismo es suficiente. Si además porta una bandera independentista, la violencia les parecerá más jugosa, pero no más justificada.

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Es inconstitucional porque atenta contra las libertades públicas de las personas. Primero contra las libertades ideológica y de expresión. La gente tiene derecho a pensar lo que quiera, y desde luego a expresarlo públicamente. El límite de esa expresión debe estar claramente establecido por la ley, no en una interpretación sesgada y abierta de la norma por parte de la autoridad gubernativa. El racismo, la discriminación a la identidad sexual, o la incitación a la violencia y al odio justifican aquella limitación. De ninguna manera la hipotética reacción de quien se siente ofendido con la finalidad de reprimir la libertad de los demás.

La prohibición atenta, además, contra la libertad personal que nos protege contra cacheos y registros arbitrarios. Desde esta perspectiva la persecución de las banderas esteladas es, más allá de ridícula, desproporcionada e ineficaz. Que se asemeje a los controles para prevenir actos terroristas en realidad nos muestra que su verdadero objetivo es provocar temor y autocensura en aquellos aficionados que les gustaría llevarla.

En fin, puede ser contraproducente porque aunque las banderas se prohíban en el interior del estadio su exhibición en el exterior será libre, así que los hipotéticos problemas de orden público que la prohición trataría de evitar se pueden producir igualmente.

Así que la decisión de la Federación Española de Fútbol y la Delegada del Gobierno de Madrid de prohibir la exhibición de banderas independentistas –no oficiales pero no ilegales– no cumple ninguno de los requisitos exigidos para limitar los derechos de los ciudadanos: ni acata estrictamente el principio de legalidad, ni es eficaz, ni es necesaria e inevitable (puede obtenerse su objetivo de otras maneras), ni es proporcionada al daño que produce. Todo un logro.

En fin, resulta paradójico que sea precisamente la utilización de banderas esteladas la que justifique un ataque tan directo a los derechos y libertades que la Constitución española reconoce.

adolescentes jugando al futbol tarfaya

Fotos: 1. Esteladas. 2. Muchachos jugando al fútbol en Tarfaya (F.Flores).

6 pensamientos en “Constitución y esteladas, la paradoja

  1. De acuerdo por completo con el enfoque del Artículo.
    Es una incongruencia la prohibición de los emblemas o de los símbolos , cuando los partidos u organizaciones políticas a las que se representan con ellos sean legales, como sucede en el supuesto concreto de las estela das.

  2. Es absurdo, estoy de acuerdo. Es la misma interpretación torticera de la ley que aplican los mossos para impedir la entrada de banderas españolas en Estadios de Barcelona.

  3. Pensaba que la época de exaltación del independentismo con el eximio ministro Wert, que dio tanto impulso al independentismo catalan se habia acabado, pero se ve que el PP no ceja en fabricar independentista y la señorita Dancausa se ha superado. El independentismo catalan le está muy agradecido.

  4. No es ninguna paradoja, sino la consecuencia lógica del pensamiento único que os ha penetrado hasta la médula, seais de derechas o de izquierdas: todo “lo catalán” es intrínsicamente malo, ergo se ha de impedir por lo civil o por lo militar, ya sea una bandera, una consulta, su lengua… y, sensu contrario, siempre será bueno boicotear sus productos, sus costumbres, sus ideas, su libertad… ad nauseam!!

  5. Además de lo contenido en los comentarios anteriores, que suscribo, hay una razón en las cabezas peperas para actuar desta manera. Velando siempre por la unidad patria y sus destinos universales, henos aquí que lo que persiguen los malditos cerebros, corruptos como sus almas, dirigentes solo para hacer daño, es el granero de votos del anticatalanismo tan desgraciadamente extendido. Anoche, los miserables de la cadena obispal pusieron a votación lo que nos ocupa, y ¡casi un 70%! apoyaba la prohibición estelar. Está claro lo que buscan los peperos, malditos ellos.

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