Hazte Oír, a vueltas con el odio, esta vez en las escuelas

Ana Valero

Casi todos los medios de comunicación así como las redes sociales se hacen eco de la campaña publicitaria iniciada por la asociación ultracatólica Hazte Oír consistente en hacer circular por las calles de Madrid un autobús con los siguiente mensajes pintados en su exterior: “Que no te engañen: Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo” y “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”.

Esta misma organización ya había enviado previamente a colegios de distintas Comunidades Autónomas un libro titulado ¿Sabes qué quieren enseñarle a tu hijo en el colegio? Las leyes de adoctrinamiento sexualcon el fin de combatir legislaciones en defensa del colectivo LGTBI.

Este hecho plantea dos problemas de importante relevancia con respecto a los cuales parece no existir un claro consenso entre la comunidad política, jurídica y social: uno tiene que ver con lo que desde hace algún tiempo viene siendo una rápida, socorrida y fácil apelación a la vía penal para tratar de combatir todo aquello que resulta denigrante, ofensivo u odioso; y, el segundo atañe a si realmente los padres tienen derecho a que sus hijos puedan quedar excluidos de la formación en determinadas materias o valores que, a sus ojos o, de acuerdo con sus convicciones, puedan resultar adoctrinadoras.

En relación con la primera cuestión debe señalarse que son varios los medios de comunicación que se han referido al “odio” para calificar la campaña del autobús de “Hazte Oír”. Así, el periódico Público encabezaba la noticia con el siguiente titular: “El autobús del odio de los ultras de Hazte Oír campa a sus anchas por España”. Por su parte, La Sexta afirma en su web que: “La asociación ‘Hazte Oír’ recorre los colegios de Madrid con un llamativo autobús que fomenta el odio a transexuales”.

El Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Valencia -Lambda-, ha convocado para hoy día 29 una concentración contra la transfobia, afirmando en el acto de convocatoria que “consideran intolerable la presencia impune de estos mensajes transfóbicos y de incitación al odio (…). Afirmando: “Sabemos que su objetivo no es otro que fomentar el odio y la discriminación hacia las personas trans”. Pero quizás, lo más llamativo es que el Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados ha pedido la intervención de la Fiscalía en aplicación del artículo 510 del Código Penal, que es el que tipifica el discurso del odio, para impedir que el autobús siga circulando.

Pues bien, tal y como hemos venido señalando en diferentes artículos del presente blog, en un sistema democrático como el español los únicos mensajes que deben ser perseguidos penalmente son aquellos que inciten de manera clara y efectiva a cometer delitos o vulneraciones de derechos. Sólo cuando la palabra suponga un peligro claro e inminente para las personas, podremos decir que estamos en presencia del discurso del odio. De modo que, una cosa es que se prohíba circular al infame autobús por vulnerar las ordenanzas municipales, que parece ser la vía por la que ha optado el Ayuntamiento de Madrid, y otra muy distinta acudir a la Fiscalía para tratar de frenar discursos que por discriminatorios y contrarios a la dignidad humana deben ser combatidos, sí, pero no a golpe de Código Penal.

La segunda cuestión que se plantea es la relativa a si los padres pueden apelar a la libertad de enseñanza y al derecho fundamental a educar a sus hijos conforme a sus convicciones para oponerse a las leyes de igualdad en la educación impulsadas por distintas Comunidades Autónomas. En este sentido, conviene señalar que la asociación “Hazte Oír” ha enviado 100.000 ejemplares del libro ¿Sabes qué quieren enseñarle a tu hijo en el colegio? Las leyes de adoctrinamiento sexual -en cuya portada aparecen dos menores haciendo el saludo fascista frente a la bandera multicolor- a distintas escuelas de todo el Estado español, afirmando que con ello se pretende combatir el adoctrinamiento sexual que se halla tras la aprobación de leyes que “imponen un modo de comportamiento LGTB a los niños de forma obligatoria”.

En el libro se afirma que, este “nuevo dogma” convierte a los gobiernos autonómicos en promotores de un modelo de pensamiento que sólo comparte un sector de la ciudadanía vulnerándose con ello la libertad de enseñanza y el derecho fundamental de los padres a educar a sus hijos”.

Pues bien, los padres que integran la asociación ultraconservadora cometen un error de interpretación constitucional, muchas veces reiterado por otras asociaciones de tendencia católica y por el propio Gobierno del PP en su Proyecto de ley educativa conocida como Ley Wert. Dicho error radica en obviar que la Constitución española contiene un ideario educativo de obligada enseñanza en todas las escuelas, sean públicas o privadas, y de cuyo conocimiento y formación no pueden ser eximidos los menores ni aun invocando los derechos educativos paternos.

Como señalé en el post Another brick in the Wall o el derecho a evitar el control del pensamiento, el artículo 27.2 de la Constitución española es claro y contundente cuando señala el objeto del derecho a la educación: “el pleno desarrollo de la personalidad humana”, especificando cuáles son los instrumentos necesarios para conseguir tal objetivo: sólo a través de un sistema educativo basado en los principios democráticos de convivencia y el respeto a los derechos fundamentales quedará satisfecho el derecho del individuo a recibir una formación integral que garantice el libre desarrollo de su personalidad. Vemos que la Constitución española tiene un ideario propiono apuesta por una enseñanza “ideológicamente neutral”, sino que hace pivotar el sistema educativo sobre el deber de inculcar, de manera transversal o a través de materias concretas, el conocimiento, el respeto y la puesta en práctica de los principios democráticos de convivencia. Es evidente pues que, en tanto en cuanto la igualdad, la no discriminación y el pluralismo se encuentran entre dichos principios, cualquier ley educativa que introduzca en el currículo obligatorio el conocimiento por parte de los estudiantes de las distintas opciones de orientación e identidad sexual y la igualdad de género, no hace más que contribuir a dicho pleno desarrollo de la personalidad y a la educación integral de los menores.

Es más, basta con acudir a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional español y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, para observar que es adoctrinadora aquella educación que implique una orientación ideológica o de conciencia “excluyente, dogmática o manipuladora” que ofrezca a su receptor una visión unidimensional del mundo. Por lo que no es difícil concluir que no es el legislador el que adoctrina cuando introduce en el currículo educativo obligatorio materias que forman a los estudiantes en la igualdad sexual y de género, sino aquellos padres, escuelas, iglesias o gobiernos que reclaman la exclusión de sus hijos de dicha formación, vulnerando con ello el derecho de estos a una educación integral.

Fotos: 1, 2 y 3. Tranvía y autobuses dedicados al colectivo LGTB. 4. Poster de la obra de teatro Priscilla, El Musical.

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