Derecho de autodeterminación: ni derecho fundamental ni derecho moral

José Manuel Rodríguez Uribes

La Constitución de 1978 no reconoce el derecho de autodeterminación de los pueblos o territorios de España, tampoco de Cataluña. Esto lo saben los secesionistas catalanes y por eso se han inventado a marchas forzadas, contraviniendo de la forma más grosera la legalidad constitucional y estatutaria, una suerte de soberanía de origen que nunca han tenido.

Lo recuerdo porque aunque la historia no legitima nada (no existe la historia constituyente como nos recordaba Tomás y Valiente), los nacionalistas suelen apelar a ella. Pues la historia nos dice que Cataluña nunca fue soberana y que sólo desde 1978 (con la excepción de 1931 a 1936; después vino la tragedia) ha alcanzado un nivel de autogobierno equivalente al de muchos Estados democráticos del mundo. Es verdad que últimamente utilizan un argumento distinto, el del voluntarismo más burdo, un “porque yo lo quiero”, “porque lo queremos nosotros”, que es casi infantil.

La soberanía existe y vale “porque se ejerce” (o “cuando se ejerce”) me decía el otro día un jurista independentista (más independentista que jurista) aunque no exista norma alguna que la habilite (sic). Esto de normas y poderes, poderes y normas, no vale según ellos para este acto “originario” del pueblo catalán. Recuerdan, en el mejor de los casos, a la concepción de la soberanía del siglo XVII, con Hobbes y su Leviatán. El problema es que no estamos en el siglo XVII (ni siquiera en el XIX), ni en el estado de naturaleza, ni Cataluña y su autogobierno han caído del cielo, sino que es la Constitución de 1978 la que ha dotado de legalidad y legitimidad a sus instituciones, entre ellas a la Generalitat y al Parlament. En esto, y por esto, hay también no poco de deslealtad, de “juego sucio” en el sentido rawlsiano: no es éticamente aceptable traicionar un sistema que ha creado las condiciones para que llegues a cotas de autogobierno que nunca tuviste, desconocidas hasta la fecha.

Hay también mucho desconocimiento, en algunos casos consciente, acerca de lo es (debe ser) hoy una democracia. Ésta es impensable sin respeto a las normas, a las reglas del juego, a las competencias de cada uno, a la filosofía de los límites al poder, a los pesos y contrapesos… Desde 1945 no hay democracia sin Estado de Derecho y no hace falta que recuerde por qué.

Podríamos pensar entonces que quizá lo que han hecho los secesionistas es ascender por la pirámide que dibujó Kelsen (saltándose, eso sí, el escalón de la constitución y de su estatuto) hasta el vértice del Derecho Internacional, pero este recurso tampoco vale porque es falaz. Y lo es porque, primero, lo que encuentran allí es menos de lo que ya tienen (autogobierno, instituciones propias y autonomía en un país de la UE -qué ironía-), y segundo porque el derecho de autodeterminación de los pueblos que recoge la Resolución 2625 de la Asamblea General de las Naciones Unidas no está pensado para territorios de Estados de la UE, de democracias constitucionales, espacios que, aún con la crisis y la enorme corrupción, se sitúan entre los más prósperos y abiertos del mundo. Recordemos íntegro el texto de la Resolución por si alguien duda de lo que digo:

“El territorio de una colonia u otro territorio no autónomo tiene, en virtud de la Carta de las Naciones Unidas, una condición jurídica distinta y separada de la del territorio del Estado que lo administra, y esa condición jurídica distinta y separada conforme a la Carta existirá hasta que el pueblo de la colonia o territorio no autónomo haya ejercido su derecho de libre determinación de conformidad con la Carta y, en particular, con sus propósitos y principios (…).

Ninguna de las disposiciones de los párrafos precedentes se entenderá en el sentido de que autoriza o fomenta cualquier acción encaminada a quebrantar o menospreciar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes que se conduzcan de conformidad con el principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos antes descritos y estén dotados por tanto de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivo de raza, credo o color.”

Cataluña, ni es una colonia ni es un territorio no autónomo, ni los catalanes tienen un estatus inferior al resto de españoles por motivo de raza, credo o color, u otra condición personal, social o cultural, y España sí es un estado soberano, con unas instituciones en las que llevan participando las fuerzas políticas catalanas y los ciudadanos de Cataluña desde 1977…

Podríamos pensar por tanto que en realidad los secesionistas no nos hablan de un derecho legal a la autodeterminación de Cataluña que en efecto no tienen, sino de un derecho moral, de un derecho a la autodeterminación que deben tener a partir de esa soberanía de facto que proclaman ejerciéndola. Pero permítanme que les diga que no, que tampoco, ni siquiera tienen ese derecho moral aunque tengan la libertad para expresarlo. Cuando pensamos en un derecho moral estamos pensando en una pretensión justificada ética o políticamente que el Derecho todavía no ha reconocido. Piensen por ejemplo en el sufragio universal mientras las mujeres o los pobres estaban excluidos, o en la libertad de prensa o de pensamiento durante la dictadura franquista. Eran derechos morales que terminaron siendo derechos fundamentales, derechos constitucionales, derechos humanos fundamentales.

Sin embargo, el derecho de autodeterminación de Cataluña en el siglo XXI no puede compararse a estos casos. Sus defensores no se parecen, aunque les gustaría, ni a las sufragistas del XIX ni a Martin Luther King ni a Nelson Mandela.

El derecho de autodeterminación de Cataluña no es un derecho moral ni lo puede ser porque carece de justificación ética. No sólo porque es poco ético que un territorio próspero se quiera desentender del conjunto (en buena medida menos próspero), sino porque para que tuviera justificación debería cumplir al menos dos requisitos racionales que no cumple:

  1. Que la pretensión fuera susceptible de generalización (si es bueno para ti, debe serlo para mí) algo que ningún Estado democrático del mundo puede aceptar sin poner en cuestión su propia existencia. Con ese reconocimiento, que racionalmente habría que generalizar por razones básicas de igualdad, se abriría una “caja de Pandora” autodestructiva incompatible con la idea de España y de la Unión Europea.
  2. Que ampliara el espacio de libertades sin causar un menoscabo a terceros, que uniera y que no separara, que favoreciera la convivencia, la complejidad y la cohesión y no el enfrentamiento y la simplificación. No hemos llegado todavía al 1 de octubre y es evidente que hay cada vez más crispación, más división, menos afectos… La pretensión de la secesión, incluso la del referéndum de autodeterminación, no expande la libertad, no abre nuevos espacios que multipliquen las posibilidades identitarias y culturales, sino que construye muros, marca fronteras, aumentando la incomunicación, obligando a elegir a quien no quiere elegir, entre otras cosas porque eligiendo se empequeñece, se reduce.

Por tanto, a mi juicio, la autodeterminación de Cataluña no es posible, de ninguna manera entendida en esos términos soberanistas originarios, unilaterales y excluyentes. No cabe ni en la normativa vigente (interna, europea o universal) ni constituye una pretensión moral justificada, legítima, una suerte de derecho moral con posibilidades de convertirse en una realidad política y jurídica que amplíe los espacios de libertad asegurando al tiempo la imprescindible solidaridad interterritorial y la convivencia. Va justo en la dirección contraria. Por cierto, como iría también cualquier tentación (re)centralizadora, uniformadora, aplastadora de la diversidad.

Sólo tenemos, por tanto, un camino y cuanto antes lo veamos mejor, un gran camino, una ancha avenida: la del mutuo y leal reconocimiento, la de la unión federal y orgullosa de nuestra diversidad, la del acuerdo y las mayorías, la de la “España nación de naciones”, con esta hermosa expresión o con otra.

Ojalá en pocas semanas podamos ponernos manos a la obra y encontremos más pronto que tarde una fórmula que nos asegure vivir en paz y en libertad al menos otros cuarenta años! Depende de todos que sigamos conviviendo aumentando los afectos, los lazos cooperativos y solidarios y el mutuo respeto. No es tarea menor.

Fotos: 1 y 2. Fernando Flores. 3. Catherine Salsbury.

21 pensamientos en “Derecho de autodeterminación: ni derecho fundamental ni derecho moral

  1. Yo le sugeriría que, antes de escribir tonterías, se documente un poco sobre lo que son las naciones, etnias y cosas semejantes, y sus relaciones según se pueden observar empíricamente. Hay gente que se dedica a ello, aunque no lo crea. El sitio obvio para empezar es el clásico Comunidades Imaginadas, de Benedict Anderson. Por otra parte, yo también revisaría el concepto metafísico que tiene usted sobre las leyes, pensando además, si no se ha planteado tal cuestión, que la peor metafísica es la que no se reconoce como tal. Y por otra parte, me hace mucha gracia la diferencia de una nación de la UE con las del resto, voluntad de los jefes de la ONU aparte, claro. También no se puede tener armas atómicas salvo …. EEUU. Y lo que dice la ONU, a veces hay que hacerle menos caso que (esta vez desgraciadamente) su declaración de los DDHH, que todo poder terrenal se pasa por los destos, de forma oculta o evidente. Fíjese simplemente el poder que en ella tienen los EEUU de Trump.

    • Los comentarios que mezclan peras con manzanas demuestran el lavado cerebral que han ido sufriendo muchos en Cataluña. Veamos, usando su lógica, si los españoles podemos votar cualquier cosa, fuera del marco constitucional, jurídico e internacional, entonces, si ahora toda España decide mediante referedum que cataluña debe desaparecer como autonomía, separar sus comunidades, erradicar su idioma de los libros, así como banderas o cualquier otro símbolo y sale aprobado con un mínimo 51%, los catalanes no van a quejarse, ¿verdad? No llorarían y dirían que eso no es legal ¿No? Las leyes están justamente para evitar hacer gilip… digo disparates 😉

    • Viajer@ a Itaca, perdone que le diga que sin terminar su primer renglón me atreva a pensar que usted no respeta nada.
      Si los demás escriben tonterías ¿Qué escribe usted que pierde el tiempo en leerlas y contestarla?
      Me apeo aquí, que disfrute de su amplia documentación.

    • ¡Hablar por no callar! Vaya manera de vomitar topicazos y prejuicios como un disco rayado. ¡Buen adoctrinamiento, sí señor! ¡Menudo lavado de cerebro!

    • Tanta prepotencia para decir un par de simplezas horriblemente mal escritas. El artículo de Rodríguez Uribes es discutible, pero modélico en sus argumentaciones.

    • Y yo a usted le sugeriría que se documentara sobre las consecuencias del romanticismo político cuando la asociación entre pueblo y sujeto jurídico no persigue la expansión o recuperación de derechos de fundamentales.
      No analiza usted los argumentos del autor, pero a todos nos ha quedado claro que sabe usar el concepto de metafísica para hacerse el intelectual, aunque a mí no me la cuela.
      Y ya que a usted le gusta recomendar lecturas, le aconsejo
      echarle un ojo a Isaiah Berlín en cuanto al romanticismo.

      • Respuesta en general, aunque dedicada a Javier: ¿Cuál es el verdadero romanticismo político, el que mira un ciudadano abstracto que no existe en ningún lado o la visión que intenta ver lo que realmente hay para, por ejemplo, ver qué se puede recuperar (o conseguir, porque salvo en el privilegiado Occidente, y no en todas partes ni demasiado, los DDHH no se respentan) de los derechos fundamentales? ¿O el que supone a las leyes más realidad que la de ser algo que admite (o le imponen) y acata, más o menos, un determinado grupo de gente? ¿El que sigue defendiendo el internacionalismo proletario que ya probó ser ilusorio en la I Guerra Mundial?
        ¿Que la historia no legitima nada? Por supuesto. El Estado español tiene dos legitimidades: la histórica, por llevar más tiempo, y la del poder y las armas, que hizo que tras la guerra de Sucesión, incorporara a Catalunya y no a España. Ahora, de momento, recurre al prostituido poder judicial para oponerse a su independencia. Recordemos que el presidente del autodenominado TC es un militante del PP que ha soltado el carné por motivos estéticos. Otra: ¿No se puede “traicionar” un sistema porque ha marcado un record? ¡Por favor! Además que hay que pensar que lo que ayer funciono, si tal hizo, pudo dejar de hacerlo. Por otra parte, este señor es el primero que debería repasar su concepto de democracia, empezando por la propia palabra: viene de demos, del griego, que viene a significar habitantes o territorio de un pueblo, comunidad de un pueblo, lo que implica la delimitación de los que constituyen un pueblo. Por ejemplo, la admirada democracia ateniense no incluía ni siquiera a todos los humanos que vivían allí, empezando por excluir a las mujeres. A ver quién hace ahora que los alemanes no voten lo que nos perjudique a nosotros y a los griegos, y se crean a pies juntillas que somos una panda de vagos, en lugar de ocuparse de lo que les hacen sus élites. Bueno, si quiere más crítica del ¿artículo? conteste y sigo otro día.
        Independientemente de que el nacionalismo se justifique, al menos parcialmente, por razones muy poco creíbles, y de lo imaginario de sus vínculos, también traduce una voluntad política tan legítima como cualquiera. Lo que pasa es que hay gente como el señor Uribes que nos quiere pasar por “lo natural” lo que no es más que la expresión de determinado poder.

        • Buenas tardes,
          Le respondo comenzando por el final:
          No creo que el autor del artículo utilice una justificación naturalista o historicista del poder, ya que más bien se mueve en el terreno de lo jurídico, de la teoría del derecho, la política y la ética. Tampoco creo que desconozca la etimología de “democracia”, para lo cual no es necesario ser muy erudito.
          En todo caso, la tesis del nacionalismo -a cada pueblo en el sentido alemán (el de Herder) debe corresponderle un Estado – solo tiene sentido si dicho pueblo no puede existir, protegerse y prosperar. Esa es la lectura del derecho internacional, y es restrictiva porque la atribución de ser un sujeto jurídico constituyente a cada pueblo tuvo como consecuencia decenas de conflictos terribles, el último hace apenas dos décadas en los Balcanes.
          El título IX de la CE es debatible y el TC no es perfecto, pero en general sus argumentaciones son de corte jurídico, aunque sus magistrados como cualquier bicho vivente puedan ser falibles. Estos tribunales nacieron después de la IIGM, entre otras cosas, para evitar que una mayoría imponga la ley de la fuerza (p.e.: cambiar la ley electoral autónoma, que requiere de mayoría cualificada de 2/3, de un plumazo por mayoría absoluta; y esto es de lo menos esperpéntico que hizo la semana pasada ya se sabe quiénes). Por mucha filosofía de la sospecha apresurada con que quiera analizar al TC y al poder judicial (el TC no forma parte de este poder), la fuerza de la ley siempre será mejor que la ley de la fuerza, al menos en los Estados que respetan los derechos fundamentales.
          En fin, España no es perfecta pero no es un Estado autoritario -ni siquiera es una democracia militante. El nacionalismo necesita un némesis porque de lo contrario su tesis es inviable en el s.XXI. Repito que España no es perfecta, pero es triste que se haya extendido tanto la tesis de ETA, a saber: que la España constitucional es lo mismo que la España nacionalcatólica del franquismo. Esto es un disparate desde el punto de vista del derecho constitucional comparado, la teoría del derecho y la sociología.
          En fin, le dejo la última respuesta e intervención , y disculpe si mi tono fue inapropiado en mi primera respuesta.
          Saludos,
          Xavi

          • Buenas noches:

            Ciertamente, el artículo me pareció tan fácil de rebatir que no me molesté mucho en el primer post, lo que ha dado lugar a malas interpretaciones. Asumo las consecuencias. Y gracias por sus innecesarias disculpas. Vayan las mías por lo dicho.

            Precisamente una de las cosas que le achaco al autor es precisamente intentar sustituir las leyes por aquello de lo que son instrumento, la voluntad política. Eso las hace funcionar (a las leyes) como si fueran las Tablas de la Ley. La cuestión catalana es política, no jurídica, pero Uribes trastoca todo. Ver por ejemplo “Esto de normas y poderes…”

            El problema de los Balcanes viene de atrás. Pero parece simplemente que tal unión política era inviable, salvo que la mantuviera un poder tremendo. Tito se las fue arreglando, pero en cuanto faltó, saltó todo. Yo diría que hay que mirar más atrás en su historia. Y los problemas étnicos, agravados por las intervenciones de otros estados, están ahí. Quizás debían haberse separado por referendum, y articular algo para que se fueran calmando los viejos rencores.

            La fuerza de la ley bien aceptada políticamente es mejor que la ley de la fuerza, pero la ley de la fuerza puede ser lo que sostenga determinada ley. Por otra parte, que de los Cobos haya entregado el carnet por razones estéticas (cuando se supo) no lo hace más independiente. El PP, al menos, lleva un largo historial de colocar a amigos en las instituciones. Conclusión: se pudren.

            En política nadie dice la verdad desnuda. El nacionalismo, pues tampoco. Cuando se sale del marco del demos, que es lo que conserva la validez de la ley, lo que tenemos son luchas de poder. Que, además, y siempre con un inevitable fondo de inestabilidad (pero es que las sociedades están vivas), seguramente el follón actual se hubiera podido evitar. Por otro lado, este Estado es heredero del franquismo, y sus herederos más directos tienen una enorme cuota de poder en él. Aunque, ciertamente no es lo mismo. Pero llamarlo una democracia, es por comparación de otros regímenes semejantes, en los que por supuesto, mandan las élites, aunque dejando alguna discrecionalidad a los pueblos si no se ponen muy tontos…

            Un saludo.

  2. El cáncer secesionista catalán no es de ahora. Por no hablar de la crisis de 1640 con Felipe IV (atención: un Austria, no un Borbón) y ciñéndonos a la historia contemporánea, el teniente coronel Macià proclamó la independencia de Cataluña el 14 de abril de 1931, coincidiendo con la llegada de la Segunda República, a la que, como se ve, le concedió un amplio margen de confianza. Companys, que ya fue cómplice de Macià el 31, repitió jugada en octubre del 34. Estos dos individuos fueron premiados dando su nombre a una plaza y un paseo barceloneses en 1979, bastantes años antes de que existiera el PP: los independentistas, entonces camuflados a medias, ya mostraban sus verdaderas intenciones premiando a dos traidores a la República.
    El cáncer es muy difícil o incluso imposible de curar: no es consuelo, pero sí es muy cierto, que, a la vez que mata al paciente, el cáncer perece por falta del sustento que le proporcionaba su víctima.

  3. Dice que la historia no legitima nada. Pero afirma que Cataluña no tiene derecho de autodeterminación porque nunca fue soberana (los Decretos de Nueva Planta de Felipe V parece que sólo abolieran una comunidad de vecinos). O sea, que la historia sí deslegitima (ergo, legitima lo opuesto). En realidad, no se cree su propio argumento, pues más abajo pretende legitimar en la historia su idea de que los catalanes soberanistas se estén quietecitos cuando afirma “no es éticamente aceptable traicionar un sistema que ha creado las condiciones para que llegues a cotas de autogobierno que nunca tuviste, desconocidas hasta la fecha”.
    El derecho de autodeterminación de los pueblos reconocido por la ONU se pensó para colonias o territorios autónomos, es decir, para pueblos integrados por la fuerza a sus metrópolis. Y pregunto yo, un pueblo que pretende ejercer el derecho de autodeterminación y se le prohíbe, ¿no está sometido por la fuerza? El resultado electoral y todas las encuestas señalan que no menos del 70% de los ciudadanos catalanes desean poder ser preguntados en un referéndum si desean la independencia o no. Es absurdo que un Estado tenga que dar mejor trato a una colonia que a una parte de su propio pueblo que, por las razones que sean, ya no está cómodo dentro de él.
    El derecho de autodeterminación no tiene nada que ver con la moralidad. Si un pueblo no está a gusto en una estructura estatal, no tiene por que aguantarse en ella, tanto si es rico como si es pobre. Lo habitual es que intente cambiar las cosas (Cataluña lo hizo hasta el Estatut de 2006), pero si no es posible, la opción de largarse es perfectamente legítima.
    El “mutuo y leal reconocimiento” sólo es posible modificando la constitución española para que reconozca la realidad (que en el Estado español existe conciencias nacionales diversas, española-castellana, la gallega, la vasca y la catalana). Es decir, estableciendo un estado plurinacional.conviven distintas conciencias nacionales, no sólo la española.

  4. Magnífico artículo propio de alguien que sabe de lo que habla. En cambio quien intenta darle la réplica no pasa del insulto. Una pena.
    Los separatistas y sus amigos que tantas lecciones pretenden dar de democracia, deberían explicar que tiene de democrático el que un porcentaje mínimo de españoles tenga, según ellos, el derecho a decidir si España se rompe o no, mientras que a la mayoría de los ciudadanos españoles no se nos permite decidir…
    Curiosa forma de entender la democracia la de estos héroes… parece que la aprendieron de Franco.

  5. ¡Me quito el sombrero! ¡Qué buen artículo! Riguroso, claro y conciso. Contundente. Incontestable. Muy bien explicado. Gracias y ¿enhorabuena!

    • Pues mire usted: para mi es una buena cita precisamente porque precisamente no es favorable a los nacionalismos, pero su análisis es muy bueno. Y yo cito porque me parece que los argumentos son buenos e interesantes, no porque apoyen como sea los míos. Pero está bien por su parte: no habla sin documentarse.

  6. Pára empezar, contendrán conmigo en que la Constitución del 78 ya nació mal parida y con engaños a una mayoría de españoles.
    Convendrá en que está no es inamovible puesto que cuando les interesa la cambian (vean por ej. El artículo 135).
    Convendrá que después de 40 años, es muy necesario el actualizarla.
    Y convendrán conmigo en que si no se actualiza corremos el riesgo de que nos explote a todos y esto acabe peor que en el 36.
    Por otra parte está el Tribunal Constitucional (totalmente politizado y a las órdenes de un gobierno fascista y corrupto como no ha habido nunca en la historia) que ha quedado totalmente deslegitimado con las últimas actuaciones y que hace mucho que se debería haber renovado.
    Espero que se pueda llegar a tiempo para evitar el desastre.

    • Estoy de acuerdo en que hay que cambiar la constitución. Pero haber cambiado el 135 sin referéndum no significa que que el artículo dos que consagra la indivisibilidad del estado pueda hacerse de la misma manera. Parte del articulado de la constitución está blindado y solo se puede cambiar siguiendo procedimientos distintos de los que se requería para reformar el 135.
      El problema es que para que haya referéndum legal tienen que aprobarlo las cortes, disolverse, convocarse nuevo parlamento y ratificarse en esa voluntad de cambio. Luego tiene que haber u referéndum en toda España para que los ciudadanos decidan si quieren dejar de ser sujeto soberano en su conjunto como lo son ahora los españoles y otros ciento noventa y pico estados. Para quien tiene un apretón romántico nacionalista decimonónico comprendo que pueda ser un poco difícil y largo. La alternativa a una confrontación que se me antoja podría tener tintes violentos pasa por convencer al titular de la soberanía popular para que renuncie a ella. Creo que con todo lo que se ha dicho de que los españoles robamos, habrá que echar los restos y empezar haciendo lo contrario de lo que los nacionalistas han urdido hasta ahora. Sugerencia: Busquen a Will Smith, el de “Men in Black”, e pídanle ese aparatejo que ponía delante de los ojos de la gente para que se olvidaran de todo lo que habían visto y oído y actívenlo delante de cada español para que se olviden de ciertas perlas que han oído del entorno supremacista (que no catalán, ojo).

  7. Cuando dos niños se tiene que repartir una tarta y uno de ellos es el listillo, enseguida dice qué él la parte y luego escoge primero su trozo. Para eso están los padres que le dirán: parte la tarta como quieras pero ten en cuenta que elegirás el último. Sólo así se esforzará por trocearla equitativamente. Pues aquí lo mismo. El listillo nacionalista se arroga definir qué es y qué no es nación. Y una vez que lo ha hecho, decide cuáles son las atribuciones de una nación (formar un estado y después consagrar su indivisibilidad). Pues no señor. Que haga una de las dos cosas. Sí él decide qué es nación, que deje a los demás decidir sus atribuciones. O al revés, que decida que las naciones pueden formar un estado y que deje a los otros decidir qué es y qué no es nación. Me da igual. Pero a mí o que me dejen partir la tarta o elegir el primer trozo.

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