Los derechos, conquista y defensa

Fernando Flores

Sabemos que el poder puede acabar con los derechos de las personas y anular su libertad. De hecho, somos conscientes de que esa inclinación siempre late en su seno. Para impedirlo se creó hace más de doscientos años el Estado constitucional, y más tarde, para evitar que la libertad de los más fuertes impidiese la justicia y la igualdad material de los más débiles, se conquistó el Estado social.

Con el primero se alcanzó la división de poderes –que evita su abuso– y el principio de legalidad –que destierra los privilegios–, y se sembró la democratización de la política y la reivindicación por la garantía de los derechos. Con el Estado social se incorporó la idea de justicia como valor común, y con ella el compromiso colectivo de no dejar a nadie a un lado, de vincular la dignidad del individuo a la dignidad social.

Estos logros no han conseguido la supresión de grandes injusticias, como la pobreza, la desigualdad global y local, la discriminación y violencia contra las mujeres o el rechazo de inmigrantes y refugiados, pero han procurado dignidad a muchas personas y han señalado un camino correcto hacia el respeto y la protección de los derechos humanos.

Hoy ese camino se ha detenido, la fuerza que lo construía frente a poderes ilegítimos bien conocidos ha sido reducida o desactivada por quienes manejan el dinero. Ellos y sus reglas (es falso que exijan la ausencia de reglas, imponen las suyas) nos están empujando hacia atrás, como en un juego perverso, hacia la casilla de salida.

Desde hace unos años venimos sufriendo la reducción, cuando no la pérdida, de los derechos sociales, un retroceso que nos traslada a los comienzos del capitalismo. Nos han demostrado –vía Grecia por si no quedaba claro– que las decisiones fruto de la participación democrática del pueblo soberano tienen sus límites en las cuentas financieras de unos pocos y el equilibrio de su sistema injusto, un bloqueo que nos sitúa en el liberalismo conservador del siglo XIX. La reivindicación y la queja de los ciudadanos contra este atropello ha producido como reacción del poder un estrechamiento y acoso a las libertades públicas, una situación que nos recuerda a los Estados policiales de antaño, pero en nuestro caso dotados de la tecnología y la justificación securitaria antiterrorista que les permite vigilarnos muy de cerca y cortar de raíz las disidencias peligrosas.

Nos están arrebatando nuestros derechos.

Decía Ihering que la vida del derecho es lucha, que todo derecho en el mundo ha sido logrado por la lucha, que todo precepto jurídico importante ha tenido primero que ser arrancado a aquéllos que le resisten, y que todo derecho, tanto el de un pueblo como el de un individuo, presupone la disposición constante para su afirmación.

Los derechos se tienen porque se han conquistado, y se mantienen si se han defendido. En la actualidad, en Europa, en los denominados Estados Sociales y Democráticos de Derecho, estamos en retroceso. Un poder no elegido, hoy más fuerte que el democrático, ha expulsado a la gente de sus casas, ha desmontado las garantías laborales, ha abandonado la educación y la sanidad públicas, ha ocupado los medios que nos daban información y criterio, ha desprestigiado la participación ciudadana … y ha armado con leyes y tecnología a las fuerzas del orden, para que puedan contener la resistencia del pueblo a perder sus derechos constitucionales.

Estamos en el momento de la defensa, de la lucha por la afirmación de lo que se ha logrado con el esfuerzo de muchos durante mucho tiempo. La defensa se prepara y se trabaja.

Para aspirar a responder con eficacia al impacto poderoso de las acciones de quienes defienden sus intereses económicos, los ciudadanos dispuestos a defender sus derechos deben tener muy claro dos cosas. La primera es que la defensa –la lucha–, debe ser colectiva. La segunda es que debe abarcar la reivindicación y protección de todos los derechos.

La lucha debe ser colectiva, y persistente. La agresión debe combatirse por todos los afectados –que son casi todos–, desde todas las esferas, en todos los espacios, en la educación, en la sanidad, en la justicia, en los medios, en las empresas, en las organizaciones civiles…, en lo público y en lo privado. Debe ser continuada y generosa, abierta de mente, ganando voluntades, creando el clima para que pueda ser posible. Y debe ser organizada y paciente, perseverante, sabedora de que el agresor es poderoso, carece de escrúpulos y es muy resistente.

La lucha debe ser por todos los derechos. Hay que ser conscientes de que los derechos son indivisibles e interdependientes, de que la división entre derechos civiles, sociales, políticos y económicos es una clasificación académica, cuando no interesada. Sin vivienda adecuada no existe intimidad familiar; sin información veraz no existe ni opinión ni participación política que merezca ese nombre; sin salud no ni hay trabajo ni libertad; sin condiciones laborales dignas no hay igualdad posible…

La protección de los derechos no puede bajar los brazos en momentos de crisis políticas, económicas o sociales, más bien al contrario. Es en estos contextos de dificultad cuando ellos deben afianzar su fortaleza (su normatividad, su justiciabilidad) y reivindicar su vigencia, pues los embates que sufren son más intensos y la vulnerabilidad de las personas a las que protegen mucho mayor.

El poder no tiene legitimidad para anular nuestros derechos, pero lo está haciendo, y debemos responder. Los derechos se conquistan y se defienden.

Ilustraciones: 1. David. El juramento del Juego de la Pelota: los representantes del Tercer Estado dando a Francia una Constitución, 20 de junio de 1789 (1791). 2. Siqueiros. Del porfirismo a la revolución (1957-1966). 3. Kristen Visbal. Fearless Girl (2017).

7 pensamientos en “Los derechos, conquista y defensa

  1. Efectivamente, los derechos se tienen porque se han conquistado, y se mantienen porque se han defendido. Pero esos derechos se defienden colectivamente, y para su defensa colectiva es imprescindible la convocatoria para la movilización colectiva. Y ese debe ser el papel de los partidos políticos que dicen defender los derechos colectivos, y eso es lo que nos falta. La movilización por la defensa de los derechos no surge por generación espontánea, ni por obra del espíritu santo. Los partidos que dicen defender nuestros derechos tienen la responsabilidad política de organizar la lucha y desarrollarla. Ahora ese papel le corresponde principalmente a Unidos Podemos y todos sus componentes. ¿Por qué no llaman, porque no convocan a la movilización en defensa de los derechos que día a día nos usurpan, nos roban, nos recortan?

    • Opino que mas que por parte de los partidos politicos, que ya de sobra nos demostraron , una buena parte de ellos, que estan mas de parte de los poderes que estan corrompiendo el sistema que de los ciudadanos, esa defensa de la mayor parte de los derechos que dia a dia nos estan sustrayendo deberia estar en manos de los sindicatos.
      Pero claro , para eso los sindicatos no tendrian que estar financiados por el mismo estado que permite la destruccion y el mismo, destruye esos derechos.

      • Los sindicatos hace tiempo que se olvidaron de su razón de existir, ahora sólo son empresas de servicio con unas infraestructuras exorbitadas, debido al clientelismo interno, que cuesta demasiado mantener..

    • Soy bastante pesimista, creo que hemos creado el monstruo perfecto, capaz de fagocitar y asimilar cualquier movimiento como ha pasado con Podemos, porque “Unidos” ya ni existe (bajo mi punto de vista el mayor error de IU fue unirse a Podemos, nos ha dejado huérfanos a muchos y muchas) Yo creo que sólo se le puede atacar desde afuera con movimientos ciudadanos ajenos a las instituciones. En cuanto se institucionalizan han perdido. Pero a ver quien le pone el cascabel al gato.

  2. «Nos están arrebatando nuestros derechos» ¿No será que nos los estamos dejando arrebatar? Añadiendo a este artículo el escrito de Begoña P. Ramírez de hoy en «infoLibre» tenemos un mapa de dónde hemos llegado por nuestra pasividad ante los recortes tras recortes que han ido haciendo el Gobierno y las patronales.Aceptar como se aceptó la Ley de Esclavitud Laboral de Fátima Báñez, aceptar los contratos basura, los salarios miserables algunos de ellos por largas jornadas de trabajo demuestran que la lucha sindical, la rebeldía obrera ante tanta injusticia, ni está ¿ni se le espera?Quienes tenemos bastante edad sabemos que los derechos se conquistan luchando por ellos y causa una enorme tristeza ver cómo van desapareciendo algunos de lo que se consiguieron con tanto esfuerzo.Si los partidos políticos y principalmente los sindicatos no ponen a la cabeza de sus prioridades esta degradada situación laboral l@s trabajador@s deberían obligarlos a hacerlo.Al final se está cumpliendo lo que hacia 2010 dijo el actual presidiario y entonces jefe de la patronal Gerardo Díaz Ferrán: «Solamente se puede salir de la crisis de una manera, que es trabajando más y ganando menos.» A veces pienso que le metieron en la cárcel por hacer esas declaraciones, por chivarse de las intenciones que tenían los grandes empresarios y el Gobierno, y que desgraciadamente estamos comprobando que iban en serio. Osasuna!

  3. Hay que defender todos los derechos, pero hay que hacerlo haciendo visibles cada uno de ellos, la generalización , al igual que la globalización les favorece a quienes nos recortan en derechos.

    También hay que identificar a los enemigos mas peligrosos y eficientes, que para mi son los grandes fondos de inversión. Una persona puede ser muy avariciosa pero tener empatía, los fondos de inversión son perversos en si mismos, ya que con los ahorros de los planes de pensiones de mucha gente, clases medias y trabajadoras de todo el mundo, gestionados por ejecutivos a los que se les ofrecen suculentos bonus por resultados a corto plazo, el único interés es conseguir el máximo beneficio. Por mucho que se lo inventen y paguen para lavarse la cara, la famosa responsabilidad corporativa, las corporaciones no tienen capacidad de sentir y quienes las dirigen su único sentimiento es mantenerse en su puesto, para eso saben que tienen que dar los máximos beneficios en todo momento.

    Si queremos defender nuestras posiciones y avanzar en ellas hay que exigir a los Estados el control riguroso de esas máquinas de destrucción masiva de derechos y bienestar que son las corporaciones financieras

  4. El derecho fundamental al trabajo, hoy, es una lucha entre trabajadores por ocupar puestos de trabajo de miseria y la lucha sindical no es más que una constatación de la suerte que tiene el que trabaja. La pasividad es la norma y cada uno va a la suya. Los tres poderes están claramente prostituidos y , milagro de los milagros, la culpa es, ni más ni menos, que del Coletas.

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