Violación en Manada

Juan Carlos Carbonell

La reciente Sentencia sobre el que ha dado en denominarse, por el apodo adoptado por el grupo de autores, “Caso Manada” ha sido recibida como un auténtico escándalo y ha generado una contestación masiva, tanto por el voto particular que viene a retrotraernos a tiempos no tan remotos en que cualquier mujer era sospechosa por el mero hecho de serlo y en que la culpabilización de la víctima de un delito sexual era casi automática –no en vano la mujer era poco más que una “cosa” propiedad del padre primero y del marido después-, cuanto por el contenido de la condena cuya calificación jurídica convierte en abusos sexuales continuados once penetraciones de todo tipo: vaginal, anal y bucal, practicadas sobre una única mujer, en un patio oscuro y a las tres de la madrugada del día de San Fermín, en Pamplona.

Ante el escándalo producido, el Gobierno ha recurrido rápidamente a los sospechosos habituales: hay que cambiar el Código Penal porque los tipos, que proceden de los tiempos del Presidente González, 1995 creo –sic del Ministro de Justicia-, pueden haberse quedado anticuados. Es verdad que la imaginación en materia sexual vuela; pero, desde luego, no es éste el problema. Lo es, por el contrario, el de la interpretación judicial y la patente falta de sensibilidad que se ha demostrado en este caso. El Código se puede quedar como está; es la Justicia la que necesita ser cambiada.

El artículo 179 del vigente Código penal, que tipifica la violación y así, por cierto, denomina el delito, (agravada por el 180 “cuando los hechos se cometan por la actuación conjunta de dos o más personas”, sin duda porque supone un incremento en la consideración de la concurrencia de violencia o intimidación,) es el único que se acompasa con los hechos declarados probados en la Sentencia: se definen once penetraciones en un clima en el que considerar el consentimiento de la víctima, aun el viciado que diera lugar a unos abusos sexuales- es casi patológico. Nadie puede pretender que la víctima, en clima de jolgorio como afirma el voto particular, pudiera haber consentido frente a la acción concertada de cinco sujetos, por cierto, con una muy fuerte complexión y una estructura física muy superior a la media, que sacaban fotos y grababan en vídeo los hechos para unirlos a su amplia colección de “proezas sexuales” de todo tipo.

No deja de resultar paradójico que un sector de la Judicatura esté ampliando el concepto de violencia en un ámbito delincuencial determinado, alcanzando no sólo la potencial e hipotética sino incluso la que debió imaginarse y no se hizo –la violencia por omisión–, y en otros ámbitos se niegue tal consideración e incluso la intimidación, ante una situación como la relatada en los Hechos Probados. La violación es, técnicamente, una coacción sumamente grave por la naturaleza del hecho que se obliga a realizar contra la voluntad de la víctima. Y para conductas de mucha menor gravedad se ha utilizado habitualmente por la jurisprudencia una noción sumamente laxa del término “violencia”

Y no deja de resultar paradójica la utilización de la figura del delito continuado cuando nos encontramos ante la agresión física producida en un mismo momento, por diversos sujetos y frente a una única víctima, con lesión directa de un bien jurídico de naturaleza personalísima. Del relato de hechos probados –insisto en ello, porque éste no parece discutirse- no puede desprenderse un delito continuado de abusos sexuales, sino once de violación en concurso real puro y crudo, del que todos –los que violan directamente y los que participan en el “jolgorio” han de ser responsables a título de autores. Es cierto que sólo el Tribunal ha tenido acceso al juicio con contradicción, dado que éste se produjo a puerta cerrada, y a las diversas pruebas aportadas. Pero eso se ha reflejado justamente en el relato fáctico. Lo que se discute, pues, es la lectura manifiestamente incongruente que se realiza al subsumirlo en los correspondientes tipos penales.

No siempre es posible ni jurídicamente aceptable condenar exclusivamente por el relato de la víctima lo que, por cierto, se hace con excesiva frecuencia en este tipo de delitos. Pero las circunstancias que rodean el caso, la superioridad manifiesta, el estado en que se encontraban los autores, su propia actitud, la negación absoluta del trato de persona hacia la víctima a la que se considera manifiestamente como un objeto de satisfacción personal hasta por once ocasiones, no dejan en este caso lugar a duda racional alguna.

Por supuesto es al Tribunal a quien corresponde valorar los hechos que juzga, pero debe hacerlo de manera coherente con los que declara probados y aplicar las normas con la sensatez y la sensibilidad que merece la dignidad de las personas que demandan Justicia, con respeto a las garantías que derivan de la Constitución y las leyes

Y, desde luego, la culpa no es de los tipos penales introducidos “en época del Presidente González, – 1995, creo“, sino de la aplicación que de ellos ha hecho un Tribunal en el año 2018. Eso debería preocuparle más al Ministro de Justicia, para quien, por cierto, la pena de nueve años de prisión, es una condena muy alta.

 

 

15 pensamientos en “Violación en Manada

  1. Nada que decir de este artículo y otros parecidos. No soy un exaltado y se está juzgando hechos complejos, en los que algunas veces, muy pocas, como se ha probrado, hay personas que mienten para, ante un clima de exaltación, vengarse o hacer daño a ottros (como el articulista apunta). Pues bien, en ester caso, e independientemente del clima anterior al juicio y sentencia, parace más que evidente para el ciudadano de a pié el que unos matones intimidaron, violentaron, subyugaro, se aprovecharon de su superioridad y violaron a una persona, una mujer indefensa por el pánico en este caso. Muy mal la sensibilidad de los jueces, a pesar de que la justicia debe de ser garantista y ante ella hay que probar los hechos. El tribunal da por probado unos hechos que después no sabe o no quiere calificar adecuadamente.
    Ante esto, todos los que hemos leído el relato de la sentencia, creo, que estamos de acuerdo.
    Por eso yo me pregunto: ¿Cuál puede ser el motivo para que este tribunal diga que no ha habido intimidación ni violencia enestos hechos? ¿El que la víctima no se opusiera manifiestamente? ¿El que no se apreciaran signos corporales de violencia física ni desgarros anales ,vaginales o heridas bucales? Es decir, determina que solo existe violencia cuando es física, y que la intimidación no existe si no se ejecuta manifiestamente.
    Y entoces viene la pregunta clave en mi caso. ¿Cuál es el otro proceso judicial muy famoso, no de signo sexual, sino político, en el que estamos inmersos y todo gira alrededor de si hubo intimidación y violencia en los hechos? ¿Existe intimidación cuando miles de personas crean un ambiente de opresión en unos pocos representantes públicos que están ejerciendo su función, o no? ¿Existe violencia cuando se clama para que una gran masa de gente ejecute ciertos hechos manifiestamente delictivos amparándose en frases de calma y sosiego? ¿Cómo pueden granatizar los que llaman a la algarada que esta será no intimidatoria ni violenta si se están prevaliendo de la superioridad númerica y anímica del personal al que piden que se enfrenten al “enemigo?.
    Si en este caso los jueces de este tribunal hubieran calificado de violenta e intimidatoria la actitud de los cinco matones, se hubiese estado sentando un precedente para calificar como violencia e intimidación toda acció de la cual uno se prevalece para atentar contra otros o la ley establecida. Y eso ni hubiese sido muy conveniente para algunos como precedente.
    Esa es la conclusión que yo saco de una sentencia que , en mi opinión, contradice los hechos más que probados en su propio texto. Puede que los jueces tuviesen una actitud machista, no es de descartar, pero creo que su subconsciente les lleva más allá. Pues sería díficil a partir de entonces no admitir violencia e intimidación en aquellos casos, políticos, o de fraudes de guante blanco, en los que unos individuos se han prevalecido de su superioridad social o institucional para ordenar, azuzar o influir a otros subordinados, con maneras aparentemente pacíficas, a cometer delitos, bien por tenerlos subyugados de facto o por infundierles un miedo atroz para su futuro si no se se obedece,

    • Hombre, yo diría que lo paradójico es el diferente concepto de violencia que se usa para unos y para otros

    • Los ciudadanos no suelen intimidar a los poderes publicos a menos que el cabreo sea considerable y suele venir motivado.No tenemos ninguna defensa mientras que los mandamases,tienes guardaespaldas y los cuerpos de seguridad a su servicio.Desde el momento que eres un.poder publico,te expones a criticas y protestas.
      Es decir,no a lugar a la comparativa.Porque no tiene ni pies ni cabeza

  2. Es indignante para cual mujer u hombre con un mínimo respeto hacia las personas que tres hombres juzguen un caso como este y carezcan totalmente de sentido común para no percibir la impotencia y el miedo que pudo sentir una chica viéndose en esa situación. La supongo totalmente bloqueada.
    Estos Sres. Jueces ¿lo valorarían igual si la victima fuera hija, sobrina o hermana?
    Me recuerdan al “Clan del Oso cavernario” los agresores y quienes los han juzgado.
    Creo que por encima de la letra de la Ley, está la Justicia para poderla interpretar y en este caso no se ha aplicado.

    • Como te comentan mas abajo había una mujer en el tribunal, la verdad es que yo todavía tengo que leerme la sentencia y el voto particular, pero he de decir que este argumento, que he oído varias veces, de como lo harían valorado los jueces si fuera si hija, no me parece un argumento válido, de haber sido hija de alguno de ellos o de ella se habrían tenido que declarar no aptos para ejercer en ese juicio, un juez ha de juzgar hechos, no ha de ponerse en lugar de los familiares de la denunciante o en su propio lugar.
      Si fuera mi hija querría matarlos, querría que se pudrieran en la carcel, querría muchas cosas, pero eso no quiere decir que eso que yo querría fuera justicia.

  3. Juan Carlos, artículo muy acertado y que nos satisface a muchas mujeres. Bien ! Me he acordado del libro de Enrique Orts y que pasé a la serie minor. Con él aprendí mucho en aquel tiempo.

  4. Seguramente esos 5 descerebrados machistas son fruto de la educacion y del entorno. No les deseo mal alguno, mas allá de que paguen por lo que han hecho, oor ser unos mierdas de hombres, y cobardes. Espero q se pasen algunos años mas en prision y que los reeduquen, oara que dejen de ser unas alimañas dañinas.

  5. Sua: En el Tribunal había una mujer, una Magistrada y dos Magistrados. Por lo demás, comprendo y comparto su estado de ánimo e indignación

  6. Excelente artículo y muy ilustrativo. Lo que si tiene bemoles es lo del Sr. Ministro, con estos mimbres… Supongo que queda el recurso y espero que la justicia sea un poco más justa: más nos vale.

  7. Un saludo desde El Salvador. Muy buen artículo del insigne profesor Carbonell Mateu, cuya obra es muy apreciada en mi tierra. Cuando leí los hechos probados en la sentencia del tribunal mayoritario, me sorprendió la calificación jurídica a la que arribaron. Parece sensato haber considerado el entorno que rodeó los hechos, para tener por configurada la violencia.

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