Hartos de la ‘Carta Magna’

Javier de Lucas

Este 6 de diciembre de 2018, en España, soportaremos hasta el paroxismo la exaltación oficial de la Constitución española de 1978, con motivo de su 40 aniversario. No seré yo quien niegue -todo lo contrario- el valor de esta Constitución, que ha servido de marco para el más importante periodo de estabilidad y progreso que ha conocido nuestro país.

No me cuento entre los debeladores de la ‘cultura de la transición’ y tampoco entre quienes carecen del más mínimo sentido histórico y olvidan que las Constituciones son un producto jurídico y político, herramientas que sirven para acuerdos que nacen de un contexto y de unas necesidades concretas, por mucha voluntad de durar que las presida. Sus fortalezas y debilidades son, por así decirlo, inevitables, porque no es mejor Constitución la que diseñan genios inmarcesibles del Derecho, la filosofía, la ciencia política, la ética pública y la economía, sino la que sirve para expresar un conjunto de reglas de juego ampliamente compartido por quienes tienen que jugar y un programa de convivencia no menos ampliamente acordado, que se trata de desarrollar.

Lo que me parece inadecuado es aproximar esta conmemoración a una fiesta religiosa, más que ciudadana, por aquello de no tocarla ni mancharla, como si la Constitución fuera un dogma caído del cielo o los diez mandamientos. Y es que este tipo de conmemoración desvela de nuevo una dolorosa paradoja. ¿Cómo vamos a creer a las autoridades que pronunciarán discursos una y otra vez sobre lo importante que es la Constitución, cuando en buena medida (hay excepciones, es cierto) son los mismos cuya falta de voluntad política para reformarla origina esa paradoja de que conviva la conciencia mayoritaria de la necesidad de reforma con la conciencia de su evidente imposibilidad, habida cuenta del bloqueo impuesto por las propias fuerzas políticas? Esa paradoja es, por cierto, la raíz de una importante y creciente brecha entre ese texto y las necesidades reales de los ciudadanos, empezando por las nuevas generaciones…

Hay otra razón para nuestra impaciencia ante los festejos conmemorativos, aunque esta parezca meramente lexicográfica y, por tanto, menor: el 6 de diciembre y en torno a estos días se dirá y escribirá mil veces que celebramos el 40 aniversario de nuestra ‘Carta Magna’. Y no, no es así. Por fortuna.

Por mucho que ruborice, alguien tendría que recordar que una Constitución es algo radicalmente distinto de la Carta Magna, aunque la metáfora repetida desde tiempo inmemorial y que nos hace creer que ese documento, la Carta Magna, es la garantía de los derechos de la ‘gente común’, del pueblo, de los ciudadanos, sea casi imbatible en el discurso, en la retórica política al uso.

La Carta Magna original, la de 1215, no es otra cosa que una suerte de acuerdo de paz otorgado/pactado por Juan sin Tierra ante los barones y la iglesia, en Runnymede, y ratificado tras la guerra de los barones en 1217. Es un acuerdo medieval entre el monarca inglés y los barones y la Iglesia, para que barones e Iglesia vean reconocidos por el rey sus privilegios como derechos. No es el documento de garantía de derechos de la gente común que, en todo caso, son súbditos en una sociedad feudal. Nada ni remotamente parecido a ciudadanos, al pueblo como denos, como sujeto y origen del poder constituyente que alumbra la Constitución. No, desde luego, en el sentido contemporáneo de Constitución, el democrático, es el pueblo, titular de la soberanía, quien proclama (o, según las versiones, reconoce) la existencia de derechos originarios de los ciudadanos. Incluso proclama que todos los seres humanos tienen derechos que en ningún caso pueden ser entendidos como concesiones graciosas de un autócrata.

Si seguimos empleando esa metáfora, se dice, es porque los revolucionarios norteamericanos aceptaron ese mito haciéndolo propio. Pero lo cierto es que la Declaración de independencia de 1776, como es lógico, no es una Carta Magna. La Declaración se separa radicalmente del mito de la Carta Magna, al que tanto ha contribuido Hollywood con sus películas sobre Robin Hood como precedente de los luchadores por los derechos del pueblo, en lugar de lo que se supone que, en caso de existir, habría sido: un miembro de la nobleza inferior, vinculado a la tradición sajona y enrolado en la causa de los barones, frente al rey y su apoyo normando. No: los padres fundadores norteamericanos son revolucionarios y proclamarán sus derechos sin la presencia de ningún vestigio de que estos sean fruto de un acuerdo entre el pueblo y el rey. Reivindican un nuevo sujeto político y otro fundamento de los derechos.

Así que deberíamos dejar de utilizar esta metáfora por socorrida y aceptada que sea. Conmemoremos la Constitución de 1978, no la Carta Magna. Y recordemos que no es el fruto de la bondad de un rey, ni de una élite política sabia y bondadosa. No. La Constitución española de 1978 nace de un poder constituyente democrático, de los ciudadanos como soberanos. Y eso es algo que en esta celebración debería situarse en primer lugar.

4 pensamientos en “Hartos de la ‘Carta Magna’

  1. En primer lugar, por favor, revisen el contenido porque tiene algunas erratas. En segundo, estoy de acuerdo con su aserto en relación a que nuestra Constitución de 1978 no es una “Carta Magna”. Totalmente, pero aunque no niego que ha sido una herramienta útil en estos años y que supuso un gran avance con lo que había. También es cierto que lo que había no podía ser peor, pocas cosas hay peores que una dictadura. Además, ese “periodo de estabilidad y progreso” que menciona ha beneficiado al conjunto de la población pero sobretodo a una parte muy reducida de ella, con un poder omnímodo, que se dieron sus propias reglas de juego y nos las dieron a todos, para nuestro beneficio pero para el suyo más que ningún otro. No estoy de acuerdo en que, le cito:”La Constitución española de 1978 nace de un poder constituyente democrático, de los ciudadanos como soberanos”. Los ciudadanos como soberanos, no puedo estar más en desacuerdo, porque no es cierto, los ciudadanos votaron lo que las élites les concedieron, les otorgaron, por cierto y con mil trucos que cualquiera que tenga idea de Derecho sabrá, para que las cuestiones importantes que preocupan a las élites no se toquen y se mantengan inalteradas. Como ha sucedido, ¿qué casualidad verdad? Una Constitución puede verse también como un programa informático. Nuestra Constitución de 1978, tiene gusanos, los llamados BUGS, que son agujeros sobre los que puedes colar todas esas cosas de las que nadie se atreve a hablar. Como la falta de libertad en determinados aspectos, la impunidad con que se maneja la élite y poniendo un ejemplo claro, en última instancia, como el anillo único para gobernarnos a todos el TC, supremo intérprete de la Constitución de 1978 y que es un órgano político, que controlan los políticos con sus mayorías parlamentarias, al igual que el CGPJ, la designación de jueces del TS y TSJ, etc. que se ha visto, muy claramente y el que no quiera verlo está ciego, que los jueces y magistrados de este país, no son, como la propia Constitución de 1978 indica, Artículo 117.1 “La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley.” Y para finalizar por no extenderme más, un jefe de estado y una forma de gobierno impuesta por el dictador:”Monarquía Parlamentaria” que nos la hemos comido con patatas. Los ciudadanos como usted dice, decidieron poco, decidieron lo que les pusieron que eran lentejas en 1978. Yo tenía un año y me tengo que conformar con lo que mis progenitores votaron. No es todo blanco o negro, debo añadir a mi crítica, existe una buena escala de grises pero en la que sobretodo abunda el negro.

  2. Creo que la clase política y los medios de comunicación nos vuelven a engañar, poniéndonos en la tesitura del blanco o negro, del conmigo o contra mí. Que la Constitución fuese lo mejor que se pudo conseguir en un entorno difícil puede ser verdad (también es verdad que a todos los actores les unía la voluntad de construir una democracia, y con una voluntad única, las cosas son mucho más sencillas). Pero eso no significa que debas estar en contra o a favor de la Constitución, se puede estar a favor de esta Constitución en 1978, y en contra de esta misma Constitución en 2018, porque en 40 años España ha evolucionado todo lo que no se ha movido la Constitución. Sin embargo, si hace 40 años existía una única voluntad que facilitaba el consenso, hoy no la hay. Por eso, antes que reformar la Constitución, podríamos atrevernos a practicar esto del “Consenso” con algunas leyes que mejorarían la interpretación de la Constitución. Mucho se ha hablado de que la Constitución blinde los derechos sociales, pero muchos de ellos están supuestamente blindados en el Título Primero, y su desarrollo a través de Leyes Orgánicas no ha sido tan garantista. ¿Y sí intentamos alcanzar un consenso en una Ley Orgánica de relevancia para medir las posibilidades de alcanzar consensos en una hipotética reforma constitucional? ¿Y si conseguimos el consenso en una Ley Orgánica que blinde la Educación? ¿Y si un desarrollo mediante Ley Orgánica del derecho a la vida, sin que nadie pueda ser sometido a trato inhumano o degradante, contemplase las condiciones en que una vida es digna de ser vivida, o al menos humana y no degradante (derecho a la vivienda, a la alimentación, a no pasar frío,…)? Creo que los derechos sociales están blindados constitucionalmente, y que sólo la falta de voluntad política los ha dejado en el limbo. Primero, que demuestren los políticos que pueden llegar a acuerdos en nuestro marco constitucional, y luego, que lo apliquen en una reforma de la Constitución.

  3. …Y yo creo que tenemos una Constitución coja.
    ¿ Como es posible que en esta Constitución la Iglesia ( Obispo/curas ) si le favorece una Ley, en especial dinero son muy españoles y cuando hay una ley que le puede castigar casi todos ellos tienen Pasaporte Diplomatico del Vaticano y según el Concordato con La Santa Sede 1851 los Sres. Obispo/curas pueden.. Ordenar al Gobierno de la Nación y al gobierno Municipal.
    Los Obispo/curas pueden robar y han robado el Patrimonio Nacional, pueden y han abusado sexualmente niño/as pueden hacer lo que le venga en gana…..Y no puede los Sres Policias detenerlos y llevarlos detenidos y para mas risa le tenemos que pagar varios ingresos 11,600 millones y de todos sus negocios 40,000 y no pagan Impuestos….Propongo que la Reina sea la Maxima Autoridad Religiosa.

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