¿Que no debata qué?

Fernando Flores

Aquí estoy, escribiendo un artículo para defender la libertad de expresión y de debate en la Universidad. De todas las expresiones. De cualquier debate.

Quizás sepan por qué. Por el caso de unas jornadas sobre prostitución que han acabado suspendiéndose en la Universidade da Coruña, pues el rectorado no podía garantizar la seguridad y la celebración adecuada del encuentro.

No es la primera vez. Independentismo, aborto, vientres de alquiler, transgénero, nacionalismo, religión e igualdad, terrorismo… Son temas que activan el sistema nervioso y la sensibilidad de muchas personas, provocando debates encendidos, a veces ásperos y muy enfrentados.

No me preocupa esa sensibilidad, ni siquiera la acritud. Al contrario, me anima, porque refleja una sociedad viva y plural, que defiende sus opiniones e intereses. En cambio, me asusta que esta misma sociedad, cada vez menos democrática, interiorice que se puede excluir al molesto, al que ofende, al que defiende “sus intereses”, al que no tiene la visión de la sociedad que tengo yo. Esta polarización de amigo – enemigo tiene un final escrito: siempre termina en que solo podrá ofender el más fuerte.

¿Qué temas no deben discutirse en una Universidad? ¿Qué jornadas o conferencias no deben permitirse?

Son algunos los argumentos, no pocas las ocurrencias, y abundante la demagogia con que se justifica la postura limitadora de la libertad de opinión y del debate.

En la Universidad “no caben debates que pongan en duda o vayan en contra de los derechos humanos”, afirma una profesora de la UCM. Quien dice esto habla como si los derechos humanos no fueran controvertidos. Todos lo son. Hasta la posibilidad de practicar torturas lo es.

¿Puedo prohibir un seminario en el que se planteen las razones para defender el derecho a la interrupción del embarazo? ¿Y sobre la eutanasia? Aunque somos muchos los que los consideramos derechos no protegidos, también son numerosas las personas que están convencidas de que ambos son atentados contra el derecho a la dignidad y la vida. ¿No pueden exponerse en la universidad las posturas de unos y otros? ¿De quiénes no?

 “No caben debates que vayan en contra de la legalidad. Y menos los que ‘promuevan’ delitos”. Decir que no me gusta la Constitución o una ley y que quiero cambiarlas no va contra la legalidad. Organizar un seminario que explique por qué prefiero la república inexistente a la monarquía constitucional no va contra la legalidad. Dar una conferencia en la que el ponente exprese que –a pesar de las resoluciones de la ONU– no debe haber referéndum en el Sahara, no va contra la legalidad. Contra la legalidad va impedir que alguien lo diga.

De otro modo habrá que aceptar que, en cuanto la sentencia del Supremo decida lo que se prevé, no puedan celebrarse debates sobre el procés. Ni que los haya sobre la prostitución, aunque esta tenga una regulación parcial en España, sea legal en países como Alemania, Suiza o Grecia, e ilegal en Suecia, Noruega o Francia. ¿De verdad se quiere prohibir que se trate en la Universidad una posición que –por mucho que nos pueda repeler– es legal en otros países de la UE? ¿No se podrá invitar a dar una charla en mi Universidad al abogado de Junqueras sobre el juicio que perdió?

“Las jornadas tienen que ser plurales, deben dar voz a todas las posiciones”. ¿Las prohibimos si no lo hacen? La pluralidad de ponentes es preferible, sin duda, da calidad a un seminario, pero no impide nunca un público exigente y crítico. Si una jornada no es plural se la puede criticar por pobre, parcial y carente de interés, pero no se puede prohibir. A veces se habla como si no existiera el público, como si éste fuera menor de edad, o como si le hubieran prohibido la asistencia al que pide la prohibición del acto.

Por lo demás, la exigencia radical de pluralidad descartaría por definición las conferencias de una sola persona. ¿Debe prohibirse una charla al profesor de Georgetown y congresista republicano que defiende la Patriot Act, la existencia de la cárcel de Guantánamo y la necesidad del waterboarding en los interrogatorios a terroristas? No hay pluralidad y va en contra de los derechos humanos. ¿Debería prohibirse?

No con mis impuestos… No defenderé su derecho a utilizar dinero público (el que supone utilizar las instalaciones de una Universidad) para promover una visión de la sociedad que yo combato”, afirma categórico un periodista en redes. Pero, aunque él no lo defienda, ese derecho existe. Es un valor constitucional y democrático, el pluralismo político, que se refleja en la libertad de pensamiento y de expresión, y que la Universidad debe favorecer. La Universidad –sobre todo la pública– debe acoger todas las visiones que la sociedad expresa, nos gusten o no. Porque esa es su esencia. La Universidad nos da precisamente un espacio sagrado para expresar y combatir las visiones que no comparto, promoviéndolas o criticándolas, ridiculizándolas si pensamos que lo merecen.

¿Pero prohibirlas? ¿A instancia de quién? ¿Con criterios ad hoc, o elaborando al efecto una norma pseudoadministrativa, que determine cómo deben componerse los seminarios para ser plurales, que detalle en qué casos puedo limitar el derecho fundamental a expresar opiniones en sede universitaria? ¿Y quién toma la última decisión al respecto: el decano, el rector, un comité de sabios? No es serio.

Claro que se puede protestar por la celebración de una jornada. En la puerta de la sala en que se celebra si se quiere. Y denunciar que es sesgada y que sus ponentes son lo peor. Y pedir el boicot para los patrocinadores. Y afirmar que el departamento que las auspicia es mediocre. Y que el profesor que las organiza un pésimo académico. Y retirarle la palabra en los pasillos. Y polemizar con dureza (y ojalá con respeto) en redes. Se trata siempre de la libertad de expresión. El único límite a todo esto es que no se convierta en censura. Es decir, la protesta no puede impedir, directa o indirectamente, que un seminario o conferencia se realice. Eso, además de contraproducente, es ilegal, por vulneración de los derechos fundamentales.

Del mismo modo que defiendo que la Universidad debe investigar y tratar aquellos temas que no están de moda en el debate público, o que no interesan a los grupos de poder, no puedo imaginar que las bibliotecas y las aulas queden al margen de lo que está presente en la calle y en los medios de comunicación.

En fin, puedo entender que esa pulsión hacia la censura se deba, en ocasiones, a una indignación razonable contra posiciones que consideramos retrógradas. También al miedo a que las mismas triunfen, o al cansancio de oponernos tantas veces a ellas. Sea como fuere, el instrumento para luchar contra una sociedad que no nos gusta no puede ser silenciar al otro, y menos en la Universidad.

24 pensamientos en “¿Que no debata qué?

  1. Desde el relativismo liberal, los Derechos Humanos son controvertidos, incluida la tortura. No existe el bien y el mal, ninguna verdad. Y así, sin ningún criterio común como base, no es posible justificar unos comportamientos y no otros, argumentar sobre algo que vincule a todos los intervinientes, poder exponer que unos argumentos valen más que otros porque están basados en la defensa de la dignidad individual de las personas, de su no explotación. Es decir, no ha lugar a debate. Con su planteamiento las normas de convivencia que nos demos dependerán de una mayoría que apoyará “lo que está en la calle”, tal como, siempre ha habido putas y muchas mujeres quieren serlo. No hay más razones. Y puede volver a ser, los judíos no son humanos o los negros son inferiores.
    Su relativismo es muy peligroso y su defensa de la libertad de expresión falsa.
    Por derecho a la libertad de expresión colectivos feministas y otros han criticado que en una universidad pública se haga apología de la explotación, violencia contra las mujeres y propaganda y normalización sobre la desigualdad entre hombres y mujeres respecto al sexo. Críticas que usted no soporta, así como que la universidad haya respondido a esas críticas. Pero las jornadas no están prohibidas, las feministas en absoluto contamos con tal poder, de hecho, van a celebrarse en otros espacios, como tantas otras similares se realizan con frecuencia.
    Mientras le molestan nuestras críticas (¿y su defensa de la libertad de expresión para con nosotras?) está defendiendo la libertad de expresión de explotadores y proxenetas en la universidad, la máxima institución legitimadora de principios y valores. Por qué no, puesto que todos son iguales y cualquier cosa puede serlo.
    Lo dicho, es usted un peligro. No recuerdo a quién leí, quien huye de los derechos humanos, mejor huir de él.

    • A mi no me molestan sus críticas. Eso lo dice usted, yo no. De hecho, si se ha molestado en leer hasta el final, advertirá que tengo razón. Quizás confunda debate con enfado, yo no lo vivo así. Y yo, de relativista, poco.

      • No se me ocurre relativismo mayor que decir todos los Derechos Humanos son controvertidos.
        Lo que usted sea usted lo sabrá. Por el artículo, es cuando menos chocante su defensa de la no vulneración del derecho a la libertad de expresión de los que vulneran el derecho de las mujeres a no ser abusadas y explotadas.
        Y por supuesto que le molestan nuestras críticas, tanto que las califica de ocurrencias y demagogia que la universidad no debía haber tenido en cuenta.

        • Estimada Isabel, que yo califique una crítica como ocurrente o demagógica no quiere decir que me moleste. De ser así la calificaría de molesta, y no lo hago. También digo en mi artículo que entre las críticas las hay argumentadas, pero al parecer usted misma se ha situado entre las otras.

          El lenguaje está para que nos entendamos, si no, este intercambio de mensajes carece de sentido.

          Que yo diga que no hay derechos humanos controvertidos (es decir, discutidos en sus límites) no es más que una observación de la realidad, no algo que me guste a mi.

          Yo estoy contra la prostitución, y mi posición es la de ilegalizarla, pero mentiría si digo que no es una cuestión discutida. Tanto es así que hay países democráticos que la han legalizado. Como académico, yo no puedo obviar eso. No estoy de acuerdo, pero negar que existan no es relativista, es describir la realidad. Otra cosa es que confundamos nuestros ideales con lo que ocurre.

          Pasa lo mismo con la tortura. Hay un debate abierto -nos guste o no- sobre si en determinados casos, para salvar vidas, podría someterse a tortura a un terrorista. Esto implica que se trata de un derecho -el no ser sometido en ningún caso a torturas- controvertido en algunos casos. ¿Soy relativista por decir que en algunos se discute (incluso se legaliza)? ¿Me pongo de parte de esa opción por reconocer que existe? No. Al revés, si es una discusión abierta, y quiero debatirla para vencerla, porque ese, entre otros, es mi trabajo.

  2. Cualquier debate? En serio? Para empezar ahí no había debate porque solo se defendía una posición.
    Unas jornadas con el título “La pederastia, una opción sexual” o ” La inferioridad de la mujer en el mundo laboral”, o “La genética demuestra la superioridad de la raza blanca”, serían también temas que debieran tener acogida en una universidad si solo tratan de su defensa? Cómo que cualquier debate vale en un espacio público?
    La prostitución no es un trabajo, es una forma de explotación mayoritariamente hacia mujeres y niñas y no debiera ser defendido sin más.
    Sobre la legalización o no de la prostitución hay muchos debates, en los que participan opiniones de un lado y del otro y cada cual argumenta lo que cree oportuno, eso es un debate. En el caso que mencionas no se coarta la libertad de expresión, se prohíbe hacer apología de una brutalidad.

  3. Completamente de acuerdo con su reflexión. Vivimos en democracias de segunda, pero es que mucha gente ya ha interiorizado que democracia significa “lo que yo pienso, la ideología en la que yo creo” y todo lo demás es falso y malo; por tanto, cualquiera que se sitúe en otra posición es, sin paliativos, el enemigo. Luego, hay mucha gente que no sabe o no cree ya en la democracia. Por ello, llevo tiempo pensando que estamos abocados hacia sociedades dictatoriales bajo formas aparentemente “democráticas” y con un lenguaje disfrazado, pero en el fondo inquisitorial. Ud habla del ámbito de la Universidad pública, yo creo que debería poderse hablar con libertad en cualquier ámbito público, sean cuáles sean las opiniones y molesten a quienes molesten. Detrás de los constantes “ofendidos” están los fundamentalistas del pensamiento y la palabra.

    • ¿Hay algo objetivamente malo? Si es que no y todo vale no hay posibilidad de entendimiento, en democracia todo se reducirá 2 a un conflicto de intereses en el que se impondrá la mayoría más fuerte, sin otras razones.

    • No es que esté ofendida ni creo que es malo sin más lo contrario a lo que yo pienso. Lo creo por razones, en el caso que debatimos lo creo porque estas jornadas están dando publicidad y favoreciendo el maltrato y el sufrimiento de millones de mujeres y eso es objetivamente malo.
      Según usted, para ser demócrata y no fundamentalista debería decir, es malo para mí, para los demás… quién sabe, oiga.
      Hay muchas maneras de establecer una dictadura, una es la que usted propone: todo vale, por tanto no hay debate posible más allá de un guirigay de opiniones diversas y contradictorias con las que no es posible llegar a ningún acuerdo. Con lo cual ganan los más fuertes y la fuerza como valor supremo siempre termina por usar la violencia.

  4. Señor Flores, que muchas personas “piensen” algo no significa que sea cierto. Asesinar es matar a una persona y un feto no lo es.
    Curiosos los casos que expone, ¿y qué me dice de hacer apología del franquismo en la universidad pública? Muchos historiadores la defenderían. O debatir sobre la inferioridad de la raza negra, que también muchos científicos demostrarían.
    Menudo brete para la universidad desde el relativismo, no parece que para usted y su defensa cerrada del derecho a la libertad de expresión absoluta.

    • Señora Isabel, así es, que muchos piensen algo no significa que sea cierto. Significa que debe ser escuchado y debatido. Nada más. Para lo demás, me remito a mi contestación anterior y a una nueva lectura, sin prejuicios, de lo que dice el artículo. Salud.

  5. Una mezcla de pena y dolor me retrotrae a hace 40 años, cuando cantábamos en las calles “prohibido prohibir”. El problema de nuestra sociedad es que en lugar de utilizar argumentos se utilizan prohibiciones. Olvidamos muchas cosas, demasiadas. La prohibición es siempre un camino de una sola dirección: el poder censurar que siempre se arrogan los poderosos. Si se instaura y se acepta una censura, los censurados acabaremos siendo los que estamos bajo y contra el poder. Se nos olvida que la censura la impone el que tiene capacidad de hacerlo. Y casi nunca es el colectivo más desfavorecido. Quizá necesitemos alguna conferencia con los títulos y temáticas brutales para zarandear nuestro cómodo intelecto que se ha creído, ¡iluso!, que todo está conquistado. Por otro lado algunos de los que se escandalizan y ponen ejemplos de los que “no se debería de hablar” en la universidad, no saben que ya se ha hablado y que se sigue hablando. Hacer ruido no siempre implica tener más razón. La intolerancia no es una opción. A nadie se le hace demócrata obligándole. No importa vencer sino convencer. Galileo sostenía en la Universidad que la tierra se movía. Y ni siquiera la iglesia feroz del siglo XVII se atrevió a pararle en la universidad. Tuvieron que ser las mentes bienpensantes las que le denunciaron a la Inquisición para que fuera el brazo armado de la curia el que le golpeaa con todo su furos. Y con la mayor de la estupideces como la historia ha demostrado. Del debate, de cualquier debate, hasta el más rastrero, se extraen consecuencias. Lo malo del fundamentalismo es que pone sus huevos en todos los extremos. Y cuando nacen sus serpientes, quienes incubaron esos huevos se llevan las manos a la cabeza. Si no se han cortado los fundamentalistas, claro.

  6. Parece ser que que también hay controversia sobre si el derecho a la libertad de expresión de algunos puede ser tanto como para vulnerar mi derecho a la dignidad que me corresponde como mujer. No para usted, que tiene muy claro que sí.

    • El de siempre, pero las censoras de siempre se me habían anticipado y, como suelen, casi monopolizado el debate. No descansan ustedes: ¿no sería más ajustado a la realidad decir LAS de siempre? Las represoras, las inquisidoras disfrazadas de progresistas ya habían llegado a esta palestra cuando al despistado jorgeplaza se le ocurrió asumarse: ahí estaban como las Gorgonas, no sé si también pasándose un ojo unas a otras, pero desde luego apoyándose como hacían, fingiendo independencia, mis compis del PC en la Facultad: ahí y por eso le cogí yo al PC la tirria que le tengo.

      Tienen ustedes el mismo amor a la libertad de expresión y pensamiento que un cura del Opus. Y el sentido del humor del Ayatolá Jomeini: espero que ahí se acabe el parecido.

      • A nosotras se nos insulta aquí de varias formas a cual más dura por argumentar que la Universidad no debe dar cabida a normalizadores de la violencia contra las mujeres y resulta que somos nosotras las represoras, censoras, avasalladoras. Yo a usted tan solo le he llamado hombre tradicional por eso de no ofender, y me he equivocado. Es usted arcaico, un machista de la peor calaña. Se duele de que no descansemos de intervenir en estos temas, de que le llevemos la contraria, de que molestemos cada vez que usted aparece, que es siempre, en un tema de mujeres para negar la violencia de género. Por lo visto, somos nosotras las que debemos callar a lo que ustedes digan. Pues va a ser que no, señor, es nuestro problema, nosotras somos las maltratadas, abusadas, violadas, humilladas; las que hemos sufrido siempre y seguimos sufriendo represiones, inquisiciones, fanatismos y avasallamiento y no nos vamos a callar. ¿Extraño que monopolicemos el tema, nuestros temas? No, lo extraño es que tantas mujeres pasen del tema. Lo extraño es que algunas repitan lo mismo que usted. Y lo extraño es que usted monopolice también los temas estos de forma obsesiva para negar la violencia de género y llamar mentirosas a las que denuncian maltrato.
        Deje usted de insultarnos. Algo difícil, se comprende, en quien tiene el mismo amor a su condición de macho que un ayatollah de Irán.

        • Usted considera que la insulta cualquiera que le lleve la contraria. No sé si es un truco o es que es usted verdaderamente así, pero me da igual: su actitud es inquisitorial tanto si es espontánea como si es una mera táctica. Ustedes no son poseedoras de la Verdad Revelada. De hecho, su actitud descalificadora de cualquiera que discrepe con ustedes hace muy difícil mantener la objetividad, igual que es difícil ser objetivo con los imanes fundamentalistas islámicos o los integristas católicos.

  7. Quién está cuestionando que no se pueda debatir acerca de la prostitución? Hay infinidad de debates sobre su legalización o no. A mí no me cabe en la cabeza que pueda legalizarse pero hay quien defiende lo contrario y es interesante oír sus argumentos, siempre que puedan recibir una réplica. Lo que no se puede es hacer apología como se pretendía en el caso del que hablamos. Qué manera de retorcer el discurso para acusar de censura lo que no pretende más que hacer debates justos, y más en un tema como este. No se puede ir a una universidad a decir a las universitarias que si tienen problemas de dinero la prostitución es una manera de sacar unas pelas porque es un trabajo tan digno como otro cualquiera. No se puede si enfrente no hay especialistas que argumenten lo contrario. Defender la prostitución es una aberración que consiste en que proxenetas y puteros se aprovechen de la precariedad de muchas mujeres y niñas. Ya basta.

  8. ¡Hombre, menos mal que me encuentro un colega, que ya creía yo que estaba paranoico! Las críticas avasalladoras, excluyentes y totalitarias de las de siempre son, aunque ellas no se den cuenta, el mejor argumento a favor del articulista y, modestamente, del que esto suscribe que es seguro que lo dijo peor, pero dijo lo mismo y lo dijo antes.

    Besitos al trío Calaveras.

    • Hombre, jorgeplaza, el de siempre, cómo no. Yo le voy a decir lo que son nuestras críticas, incomprensibles para su mente de hombre tradicional.
      Lo espero para el próximo debate sobre el derecho a la libertad de expresión aplicada a otros asuntos.

        • Ni tocado ni mucho menos hundido. Encuentro bastantes apoyos a mi posición en este foro. También las encuentro a ustedes intentando (en vano) avasallarnos a los que las consideramos no solo equivocadas, sino intolerantes e inquisitoriales.
          Ya digo: el amor a la libre expresión de un obispo y el sentido del humor de un ayatolá. Y mejorando cada día.

  9. A mí tampoco me convencen sus argumentos, señor Flores.
    Si una profesora, supongo que se refiere a una con nombre, a Rosa Cobo, afirma que en la Universidad “no caben debates que pongan en duda o vayan en contra de los derechos humanos”, es porque como yo parte de la base de una verdad, que son esenciales y universales para conseguir el bien de todos. Si usted le opone que no son inamovibles, que son controvertidos, está significando que no son tales, que depende de para quién. Por esta razón, con su argumento es imposible que podamos debatir, no tiene sentido que yo hable de dignidad humana si es un concepto variable según para quién y diferente según se refiera a hombres o a mujeres.
    Usted quiere debatir de todo y a la vez, usted mismo desactiva el debate.

    Y por aquí, los argumentos de los hombres que han aparecido son muy buenos. Todos van de fanatismo, censura, inquisición, fundamentalismo, imposición… nuestra, por supuesto. De las que llevamos sufriendo todo eso desde siempre.
    No pueden soportar ustedes que las mujeres nos rebelemos a lo que siempre ha sido.

    • Ya lo decía de guasa un tío mío fallecido hace muchos años: “¡Lo que tenemos que sufrir las madres!” Ustedes creen lo contrario, pero bajo su feminismo fundamentalista se esconde una filosofía de telenovela. Algo del estilo de “El hijo oculto de la madre pobre”, que parodiaba Andrés Pajares.

      Ustedes no son feministas. Ustedes son insufribles.

      • Lo suyo es realidad-ficción, desde su machismo tan evidente cualquier cosa se puede decir y tergiversar, dar la vuelta a lo real y llamar llevar la contraria a insultar abiertamente: inquisidoras, censoras, avasalladoras… Para el machismo todo vale con tal de quitarnos credibilidad y la palabra.
        Pero qué otra cosa se puede esperar de quien usa como referente las bromas casposas de Andrés Pajares.
        Señor inquisidor de mente arcaica, lo que usted llama feminismo insufrible para nosotras es liberador. Gracias a él las mujeres podemos entre otras cosas divorciarnos y no estamos obligas a sufrir a hombres como usted y su tío, como decía mi anciana tía.

        • Libro recomendado del día: “Refutación del feminismo radical” de Javier de la Puerta. No es recomendable leerlo sin inmunización antirrábica previa.

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