Del poder del fusil al poder del olvido

Carlos Gil Gandía

Después de la II Guerra Mundial nació un nuevo Derecho Internacional centrado en los derechos humanos internacionalizados por la Declaración Universidad de los Derechos Humanos. A partir de entonces se ha elaborado un corpus iuris para la protección de tales derechos frente al Estado todopoderoso del antiguo Derecho Internacional y con el deseo de que la lógica de la justicia se imponga a la del olvido. Veamos algunos ejemplos de Estados que sí han asumido sus obligaciones internacionales respecto de sus tenebrosos y recientes pasados. Y comparemos, finalmente, con España. Hete aquí la máxima de que las comparaciones son odiosas.

            La Alemania de la posguerra confeccionó programas de reparaciones de carácter administrativo y legislativo para con la población judía que durará hasta 2030. Entre 2014 y 2017 se han pagado 772 millones de euros para que las víctimas de la persecución nazi que estuvieran enfermas reciban atención médica.

            Las Cámaras Especiales de Camboya están juzgando a los Jemeres Rojos por los crímenes que cometieron durante su dictadura (1975-1979). La condena de Duch es un ejemplo de no permitir la impunidad y de dignificar y reparar a las víctimas de la dictadura.

            Las comfort woman son las mujeres que fueron violadas en su infancia por el ejército nipón durante la II Guerra Mundial. En el año 2015 recibieron las disculpas públicas del gobierno nipón, lo que supone una reparación de carácter simbólico y un alivio para mujeres que, en su día, fueron no solo violadas sino también estigmatizadas por la sociedad y olvidadas por el Estado. Ítem más: El 8 de enero de los presentes, un tribunal de distrito de Corea del Sur consideró que el gobierno nipón debía indemnizar a 12 mujeres surcoreanas violadas por el ejército japonés. No obstante, dudo que se indemnicen por la inmunidad estatal.

Sudáfrica, Argentina, Chile, Perú, Guatemala, El Salvador… han elaborado programas administrativos o legislativos o derogado leyes de amnistía o condenado a los criminales de las dictaduras sufridas por las gentes de aquellos países con el objetivo de luchar contra la impunidad y salvaguardar y proteger los derechos de las víctimas.

Todas las atrocidades cometidas por los países mencionados ocurrieron hace 30 o 70 años. Mientras los nuevos gobiernos y las élites, junto con la ciudadanía, de los países citados han sido conscientes de la necesidad de afrontar su pasado sobre la base de lo ocurrido realmente y de conformidad con los derechos de las víctimas, aquí, en España, se considera la apertura de heridas.

Nuestro país ha pasado del poder del fúsil al poder del olvido de las víctimas. La Transición española significó paz en detrimento de la justicia. Son dos elementos que en época transicional deben converger, aunque, en ciertas ocasiones no sucede, como ha sucedido en nuestro país.

En España se han invisibilizado jurídica y, hasta hace no mucho, cultural y sociológicamente a las víctimas del franquismo y, en parte, a las de la Guerra Civil. Eso, evidentemente, implica el sufrimiento de los familiares y víctimas directas y tranquiliza también a algunas personas. Pero el hedor de tal invisibilidad, estremece. En este sentido se pronunció Pablo de Greiff, antiguo Relator Especial sobre la promoción de la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de No Repetición de las Naciones Unidas, en su informe de 2014. El Relator instó a las autoridades españolas y a los responsables públicos a adoptar medidas en materia de verdad y justica, y dejar de lado la confrontación por algo que, realmente, debería unir para reconstruir una memoria conjunta a fin de visualizar un futuro que garantice la no repetición de lo acaecido.

Hablar de y con las víctimas, en sentido jurídico y moral, implica una ética del reconocimiento, la actualidad de sus negados derechos, consiguientemente, no se trata de abrir heridas. No se trata de cobrar subvenciones, Rafael Hernando y demás infaustos que han vertidos similares comentarios. Se trata, sencillamente, de cumplir con el Derecho Internacional, de salvaguardar los derechos de las víctimas reconocidos internacionalmente en tratados de derechos humanos, de elaborar una memoria colectiva sobre la base de hechos y no de mitos, de saber cómo, dónde y cuándo mataron a una persona para velarla, para que su rol de sombra se torne a fenecido con memoria. Es la Justicia y el Derecho, estúpido.

Un pensamiento en “Del poder del fusil al poder del olvido

  1. La descripción pormenorizada que haces en tu excelente artículo pone en evidencia algo que sigue sucediendo en España, y no en esos países que mencionas. En España los descendientes directos de los que participaron en la dictadura y ejercieron la represión y participaron en los asesinatos, todavía impunes, siguen en el poder. La propia familia del dictador sigue, hoy en día, pleiteando con el Estado en defensa de sus posesiones (usurpadas, robadas o de más que oscura procedencia) y con el apoyo directo de altos estamentos de la judicatura… cosa que no pasa en ninguna otra parte del mundo.
    Nos vendieron la Transición como una elección entre «reforma y perdón» o «ruptura» y nos engañaron; la reforma no se produjo y el perdón solo fue practicado por las víctimas.
    «No hay mal que cien años dure» pero estamos cerca de desmentir ese dicho.

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