Sin esperanza y sin desaliento

Fernando Flores

Me fascina la facilidad que tiene el ciudadano español para desenfundar el Código Penal en cuanto se siente ofendido. Si apoyado en el muy poco apreciado principio de proporcionalidad le argumentas que quizás la acción que le ha incomodado sea ciertamente fea, deplorable, de mal gusto o discutible, pero que sancionarla como corresponde a un delito es matar moscas a cañonazos (imagen que suele traernos a la mente a la pobre mosca esquivando un proyectil descomunal, pero que también debería alertarnos sobre el destrozo que la bala produce en los alrededores), téngase la seguridad de que el interpelado no se va dar por aludido. Al contrario, con amargura o desdén (según carácter) insistirá en el profundo daño (normalmente moral) que se le ha infligido y del que, a la vista de la pena que reclama para el agresor, nunca se va a recuperar.

Creo que es conveniente reiterar –sin esperanza y sin desaliento– que esta actitud, generalizada en la derecha (esta misma semana el ministro del interior ha relacionado el declarar persona “non grata” a Rajoy con un delito del odio) pero con no pocos entusiastas seguidores en la izquierda, es una barbaridad. Una barbaridad que no es que no conduzca a ningún sitio, es que conduce a un sitio al que mejor no llegar. Sigue leyendo