Sobre las imágenes de niños muertos

Jesús García Cívico

Llevo tiempo recogiendo datos sobre un tema doloroso del que, por una u otra razón, nunca me he atrevido a publicar nada, ni siquiera a hablar de ello en voz alta. Es un texto al que, lamentablemente, regreso una y otra vez. Es un texto sobre niños muertos y lo de regresar a él una y otra vez se debe a que los niños no dejan, nunca han dejado, de morir. El texto adquiere cada cierto tiempo una lúgubre actualidad y es por ello que me atrevo a compartir una parte muy sintética de él en este blog.

De forma muy resumida podríamos convenir en que entre todas las causas por las que mueren los niños, la más terrible es el suicidio. Tal es el inasumible contraste entre la esperanza y la felicidad que tradicionalmente asociamos al territorio de la infancia y el desesperado y triste cálculo que el niño realiza tan tempranamente entre la dureza que le ofrece la vida y la salida que le permite la muerte. A menudo, el suicidio del niño resulta de un infierno en el entorno que consideramos más apropiado para él: la escuela (ese lugar con el que los padres del «Centro», los otros padres, se apresuran a solidarizarse). Otras veces el suicidio del niño es resultado del infierno en el hábitat que consideramos especialmente monstruoso para él: redes de tráfico de menores, pederastia, esclavitud sexual. En esa gradación del horror más incomprensible, deberían aparecer en una posición pareja, los niños que mueren maltratados por sus propios padres. En tercer lugar, uno situaría todos los crímenes cometidos contra los niños. ¿Y la guerra? Sigue leyendo

Homenaje al desertor desconocido

Fernando Flores

Echo de menos el monumento al desertor desconocido, al insumiso desconocido. Se lo merecen.

Veo por televisión cómo vuelven los soldados a sus casas. En Israel les esperan celebraciones y funerales. Honores para quienes arrebatan todo por la patria. De ellos son las imágenes hermosas y emotivas, para ellos la atención mediática y un papel en la historia. También entre nosotros, seamos partidarios o detractores, los combatientes aparecen como protagonistas, como aquellos que merecen la atención de nuestro reconocimiento o nuestro desprecio.

Sin embargo hay otros actores que deberían ser nombrados. Están los que no van a la guerra, los que se niegan a colaborar, los que no participan del horror. Los que se atreven a ejercer la libertad de conciencia allí donde ésta es más cara, donde el precio por ella es sufrir la ira social, la cárcel y la muerte civil. Prestarles atención es apreciar la improbable presencia de la libertad personal cuando se presenta en bruto.

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En Israel, como en otros países, hay insumisos y desertores. New Profile es un grupo feminista, mayoritariamente de mujeres, que defiende una sociedad no militarizada, convencidas de que son viables políticas públicas de paz, diferentes a la priorización absolutista de la seguridad del Estado, opuestas al control del poder por quienes empuñan las armas. En 2008 el fiscal general israelí abrió un procedimiento criminal contra la organización acusándola de incitar a la insumisión, y en 2009 varias de sus miembros fueron detenidas y sus ordenadores confiscados. Los Shministim son jóvenes que al terminar los estudios de bachillerato escriben una carta abierta en la que explican por qué no cumplirán con el servicio militar obligatorio (tres años para los hombres, veintiún meses para las mujeres). Denuncian los asentamientos judíos en tierras palestinas, la humillación a sus ocupantes legítimos, el robo de tierras y el bloqueo fronterizo (aquí puede verse su vídeo). Todos y todas son perseguidos, y algunos de ellos (por ejemplo Uriel Ferera, de 19 años) están encarcelados hoy, por denunciar que el ejército israelí viola los derechos humanos en el territorio ocupado y por su negativa a alistarse para participar en la masacre que acaba de sufrir Gaza durante la operación “Margen protector”.

El día que se inaugure el primer monumento al insumiso desconocido, el mundo habrá dado un paso más en su titubeante lucha por el sentimiento de lo humano, la dignidad y el respeto a las personas. Tardará. Todo poder calla sobre la insumisión -también sobre la que afecta a los ejércitos enemigos-, porque la insumisión es una enfermedad antipatriótica fácilmente contagiosa que ni debe nombrarse. Quienes viven de la guerra no pueden permitir que desaparezca el material básico que la alimenta. Y hay guerras porque la gente va. Lo dice Madre Coraje:

La guerra se mantiene de sí misma, / de pólvora y plomo, y nada más. / Pero además de pólvora y de plomo, / vive del hombre que al combate va.

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