Guerras sucias, democracias hipócritas

Fernando Ntutumu

Hay cosas que uno se imagina y que incluso llega a intuir basándose en informaciones de aquí y de allá; sin embargo, cuando te las muestran así, sin tapujos, con pruebas, testimonios y a plena luz del día, resultan demoledoras. A continuación no sólo relato mis impresiones sobre la obra del reportero de investigación Jeremy Scahill y su extraordinaria labor destapando una parte de las guerras sucias en marcha; también recuerdo que éstas vulneran la legalidad internacional y contribuyen a una paradoja insoportable, la de las democracias hipócritas.

Tras el visionado de la película documental Guerras sucias (2013), dirigida por Richard Rowley y protagonizada por el periodista estadounidense Jeremy Scahill, son dos las ideas que me surgen: por un lado, que resulta imprescindible verla de nuevo para captar todos los detalles y entramados (por la complejidad de los mismos); y por otro, que el mal no tiene fronteras, que es como un virus que copa sistemáticamente los gobiernos y que sólo una transformación de las razones que sirven de guía (de facto) para la sociedad internacional –hacia unas alejadas de las instrumentales– podría interrumpir el descenso de la humanidad al infierno moral al que se dirige. Sigue leyendo

Torturas sin resultados

Fernando Flores

Las conclusiones del informe sobre la CIA presentadas por el Comité de Inteligencia del Senado de los EEUU demuestran que en los últimos años, y tal y como se denunciaba desde diferentes organizaciones de derechos humanos, cientos de personas han sido torturadas, y algunas de ellas asesinadas, con el legítimo objetivo de “detener ataques y salvar vidas”. La información sobre estos hechos ha sido recogida ampliamente en los medios norteamericanos (puede verse el New York Times, el Washington Post, The Guardian, o la excelente entrevista de Amanpour a Ben Emerson en CNN), y también en los españoles (Ramón Lobo en infoLibre, Alberto Sicilia en Público, o Iker Armentia en eldiario.es), y replantea una vez más el carácter de verdugo que lo fáctico suele tener sobre el Derecho. Sigue leyendo

Homenaje al desertor desconocido

Fernando Flores

Echo de menos el monumento al desertor desconocido, al insumiso desconocido. Se lo merecen.

Veo por televisión cómo vuelven los soldados a sus casas. En Israel les esperan celebraciones y funerales. Honores para quienes arrebatan todo por la patria. De ellos son las imágenes hermosas y emotivas, para ellos la atención mediática y un papel en la historia. También entre nosotros, seamos partidarios o detractores, los combatientes aparecen como protagonistas, como aquellos que merecen la atención de nuestro reconocimiento o nuestro desprecio.

Sin embargo hay otros actores que deberían ser nombrados. Están los que no van a la guerra, los que se niegan a colaborar, los que no participan del horror. Los que se atreven a ejercer la libertad de conciencia allí donde ésta es más cara, donde el precio por ella es sufrir la ira social, la cárcel y la muerte civil. Prestarles atención es apreciar la improbable presencia de la libertad personal cuando se presenta en bruto.

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En Israel, como en otros países, hay insumisos y desertores. New Profile es un grupo feminista, mayoritariamente de mujeres, que defiende una sociedad no militarizada, convencidas de que son viables políticas públicas de paz, diferentes a la priorización absolutista de la seguridad del Estado, opuestas al control del poder por quienes empuñan las armas. En 2008 el fiscal general israelí abrió un procedimiento criminal contra la organización acusándola de incitar a la insumisión, y en 2009 varias de sus miembros fueron detenidas y sus ordenadores confiscados. Los Shministim son jóvenes que al terminar los estudios de bachillerato escriben una carta abierta en la que explican por qué no cumplirán con el servicio militar obligatorio (tres años para los hombres, veintiún meses para las mujeres). Denuncian los asentamientos judíos en tierras palestinas, la humillación a sus ocupantes legítimos, el robo de tierras y el bloqueo fronterizo (aquí puede verse su vídeo). Todos y todas son perseguidos, y algunos de ellos (por ejemplo Uriel Ferera, de 19 años) están encarcelados hoy, por denunciar que el ejército israelí viola los derechos humanos en el territorio ocupado y por su negativa a alistarse para participar en la masacre que acaba de sufrir Gaza durante la operación “Margen protector”.

El día que se inaugure el primer monumento al insumiso desconocido, el mundo habrá dado un paso más en su titubeante lucha por el sentimiento de lo humano, la dignidad y el respeto a las personas. Tardará. Todo poder calla sobre la insumisión -también sobre la que afecta a los ejércitos enemigos-, porque la insumisión es una enfermedad antipatriótica fácilmente contagiosa que ni debe nombrarse. Quienes viven de la guerra no pueden permitir que desaparezca el material básico que la alimenta. Y hay guerras porque la gente va. Lo dice Madre Coraje:

La guerra se mantiene de sí misma, / de pólvora y plomo, y nada más. / Pero además de pólvora y de plomo, / vive del hombre que al combate va.

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