La Punta: orgullo y vergüenza

Fernando Flores

La lucha por los derechos está hecha de pequeñas luchas enormes, de gestos insignificantes quizás para un mundo veloz y poco dado a la empatía, pero extraordinarios por la fuerza, el valor y la tenacidad de las personas anónimas que las protagonizan.

El caso de La Punta es uno de los episodios más importantes y dolorosos de vulneración y lucha por los derechos que ha tenido lugar en los últimos años en el desgraciado territorio valenciano. Más de 100 familias desahuciadas, 750.000 metros cuadrados de huerta litoral arrasada, alquerías históricas destruidas, silencio y desprecio a las quejas vecinales, y durísima represión a la resistencia ciudadana.

Ahora, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana ha ratificado la nulidad del Plan que produjo todo eso, “por eludir la legislación vigente, obviar un trámite obligatorio como la evaluación ambiental estratégica y seguir adelante con la destrucción de La Punta pese a la sentencia del Tribunal Supremo que en 2009 anulaba el plan y que ahora ratifica el TSJ”.

barracas kai fosterling

A quienes han hecho de la prevaricación su modo de hacer política no les importan ni las leyes ni las sentencias judiciales ni los derechos de los ciudadanos. Destruirán hasta que les dejen. Que les pregunten a los vecinos del Cabanyal, a las víctimas del accidente del Metro, o a las defensores de la huerta.

Así que esa sentencia no va a cambiar nada en las personas y maneras de la política valenciana. Ayer la alcaldesa Barberá visitaba como si nada la zona portuaria con el presidente del COE, Alejandro Blanco, quien (después de designar a Valencia la primera –otra vez la primera, la mejor y la más grande- ciudad española elegida como ayuntamiento olímpico), afirmó que nuestra ciudad es un «modelo mundial a la hora de entender el deporte”. Y Juan Cotino, el conseller de Medio Ambiente responsable del desastre (de este también) humano y natural se encontraba en paradero desconocido.

La Comunidad Valenciana avergüenza a muchos de los que allí somos. Lo hacía cuando parecía que todo iba bien, cuando la propaganda y el dinero envenenaba, destruyéndolos, instituciones y ciudadanos. Y lo hace en este momento, porque es difícil no sentir vergüenza de lo que nos hemos convertido. Pero también debe reivindicarse con orgullo que fue gente de aquí, y amigos que vinieron de fuera, la que luchó hasta el último día para que los derechos y la dignidad del pueblo no fueran pisoteadas, y eso debe recordarse y decirse. Como declara uno de los desahuciados en las últimas escenas del excelente documental sobre esa lucha –“A Tornallom”:

No asumo el hecho de que me están tirando de casa. No lo asumo. Y lo quieren silenciar y esconder. Que se sepa…

Que se sepa.

Foto: Kai Fosterling

Video: Enric Peris y Videohackers