Derecho y deber de la memoria, nuestro déficit democrático

Pepe Reig Cruañes

Esta democracia nuestra que tanto quisimos que se pareciera a Europa, nos ha salido un tanto anómala. ¿Qué se le va a hacer? Ya se ve que el molde no estaba disponible cuando al fin pudimos emprender la ingente tarea de su construcción.

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La primera anomalía respecto al patrón europeo actual parece benéfica: por más que hoy sea cuestionado con más o menos razones, el régimen heredado de la transición ha supuesto el más largo período de convivencia democrática de nuestra historia. El sistema, además, parece aguantar bien el fin del bipartidismo y puede que estemos a punto de aprender, si no nos atascamos en las líneas rojas, el juego de transacción y principios que otros llevan años practicando. Más aún, la opinión pública de esta frágil democracia no ha dado aún –toco madera– señales de la peligrosa deriva populista y neonacionalista que recorre la Europa próspera como reacción a la crisis, la inmigración y la tragedia de los refugiados. Sigue leyendo

Comisión de la Verdad. El derecho a saber.

Por Pepe Reig

En los casos de violación de derechos humanos, la búsqueda de verdad es un derecho individual de la víctima, que necesita saber lo que ocurrió, pero también es un derecho colectivo, porque la sociedad debe evitar a toda costa la repetición de la barbarie.

La transición política, cuyo resultado en forma de monarquía constitucional aparece cada día más cuestionado, mantuvo algunas zonas en sombra que no han dejado de pesar en la calidad de nuestra democracia: el prudente silencio sobre los crímenes del franquismo y el velo que cayó sobre el enorme esfuerzo del antifranquismo militante, de la izquierda y los movimientos sociales por conquistar las libertades. Puede que esas sombras fueran inevitables en el tipo de transición pactada que los españoles nos pudimos dar, pero su prolongación en el tiempo ha acabado impidiendo la maduración de eso que en las democracias avanzadas se ha llamado la cultura cívica. Esta variante avanzada de la cultura política no es otra cosa que una suerte de religión civil, que asegura la reproducción de los consensos básicos que requieren los sistemas democráticos.

Fueran o no inevitables en su momento, las zonas de sombra regresan una y otra vez, provocando tensiones que evidencian la debilidad de los fundamentos de nuestra democracia: ni la izquierda ha sabido reivindicar el antecedente legítimo de la república y el referente moral del antifranquismo como pilares de nuestra democracia, ni consecuentemente, se ha podido obligar a la derecha a desprenderse definitivamente del lastre autoritario y franquista, como se evidencia en sus dificultades para condenar el franquismo.

MEMORIA HISTORICA

En medio del huracán desatado contra el Estado del bienestar, puede haber pasado desapercibida la minuciosa deconstrucción que el gobierno conservador viene perpetrando del único e insuficiente intento de reparar aquella carencia,  la Ley de Memoria Histórica: supresión de la Oficina de Atención a las Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura. Supresión de las ayudas previstas en la Ley para la “indagación, localización, exhumación, identificación y reinhumación de las personas desaparecidas violentamente”. Supresión del Portal digital del Ministerio de Cultura sobre las víctimas, creado por la Ley de Memoria y que había recibido más de 700.000 visitas en busca de datos sobre familiares represaliados. Menos mal que en apenas dos días se dirigieron, 1125 firmas al Defensor del Pueblo Europeo en Estrasburgo y el ministerio hubo de reponer la página web.

La intención apenas disimulada es aplazar de nuevo, si no cancelar del todo, la memoria, pero los procesos políticos son a menudo impulsados por movimientos sociales, aunque éstos tarden en surtir efecto. Memorialistas y familiares de víctimas de la represión franquista, impulsores en su día del debate que obligó a legislar sobre la memoria, no parece que vayan a resignarse a este estado de cosas. Ni a las lagunas e inconsistencias de la Ley de Memoria, ni a la obstrucción sistemática del actual gobierno, empeñado de nuevo en el reino de la sombra, ni al desamparo en que les dejó la sentencia del Supremo que apartó a Garzón del caso.

El pasado 29 de septiembre, en un acto en la Puerta del Sol de Madrid, apoyado por las asociaciones de la memoria y familiares de víctimas, junto a intelectuales y artistas de todo el Estado, los dos grandes sindicatos y dirigentes de partidos de izquierda, se lanzó la iniciativa de constituir una “Comisión de la Verdad sobre los crímenes del franquismo”. El manifiesto de la Plataforma por la Comisión de la Verdad está siendo el vehículo para concentrar el apoyo de la sociedad civil y llevar la propuesta a la agenda pública, al Parlamento y las instituciones.

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Una vía ensayada con éxito en muchas países castigados por dictaduras feroces, como Sudáfrica, Argentina, Guatemala o tantos otros y recomendada expresamente Consejo de Derechos Humanos de la ONU. El principio que le da fundamento deriva del “derecho imprescriptible” de las víctimas a “conocer la verdad y a que se restablezcan los derechos conculcados”.

La misma sentencia del Supremo que rechazó la competencia de Garzón en estos casos, proporciona una legitimación indirecta al señalar que el derecho a la verdad es una “pretensión tan legítima como necesaria”, aunque luego añada de forma incomprensible que “no corresponde al juez de instrucción”, cuya función requiere “un hecho con apariencia de delito y un posible imputado vivo”. Como si no fuera preciso investigar primero los hechos, para saber si viven los culpables.

La recomendación de la ONU sobre justicia transicional implica la obligación del Estado de contribuir al esclarecimiento, es decir, derogación de las leyes que se puedan interpretar como “ley de punto final”, creación de una fiscalía especializada, investigación de las desapariciones, exhumación, mapa de fosas y lugares de memoria, acceso a archivos, reparación a las víctimas, anulación de juicios y sentencias, etc. etc.

Por difícil que parezca hoy su aceptación, es una exigencia de la democracia. La Comisión de la Verdad tendría un papel positivo no sólo por su valor probatorio en procesos judiciales, sino principalmente, por sus efectos sobre la cultura política: el acceso a la verdad es la vacuna contra los revisionismos, “el derecho a saber” puede convertirse hoy en la pedagogía que no supo hacer nuestra transición, pedagogía sobre el significado de la represión y sobre la dignidad de la lucha por las libertades.

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Para saber más

Manifiesto de la Plataforma por la Comisión de la Verdad: http://www.comisionverdad.fibgar.org

Recomendaciones de la ONU: http://www.todoslosnombres.org/php/generica.php?enlace=muestranoticia&idnoticia=4629

Víctimas de la guerra civil y represaliados del franquismo. Portal de Archivos Españoles: http://pares.mcu.es/victimasGCFPortal/staticContent.form?viewName=presentacion

Memoria histórica. Página oficial del Gobierno: http://www.memoriahistorica.gob.es/index.htm

Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica: http://www.memoriahistorica.org.es/joomla/

Asociación para la Memoria Social y Democrática (AMESDE): http://amesde.org