El Rey y la libertad de expresión hecha ceniza

Ana Valero

Con fecha de 31 de julio de 2015, el Tribunal Constitucional ha confirmado la condena penal impuesta por la Audiencia Nacional por un delito de injurias a la Corona del artículo 490.3 del Código Penal, a dos personas por quemar una foto del entonces Rey de España Don Juan Carlos I de Borbón y su esposa.

La mayoría del TC ha utilizado un argumento jurídicamente insostenible para corroborar la aplicación de un tipo penal, que por otorgar una “prebenda” a quien lo ostenta, -una figura no elegida democráticamente ni sometida a la confrontación con un adversario-, debería ser eliminado del Código Penal propio de un sistema democrático.

Y ¿por qué afirmo con tanta rotundidad que se trata de un argumento jurídicamente insostenible? Porque el Tribunal Constitucional ha recurrido a la doctrina del “discurso del odio” para afirmar que es constitucionalmente admisible la imposición de una pena de 15 meses de prisión, por quemar una foto de los Monarcas en el contexto del fin de una manifestación de protesta contra la institución monárquica. Dejando con ello de lado, no sólo su propia doctrina, sino la del Tribunal de Estrasburgo, por la que está irremediablemente vinculado, y la del Tribunal cuya jurisprudencia acuñó el término del que ahora se sirve, el Tribunal Supremo estadounidense. Sigue leyendo

La alcaldesa frente al espejo

Fernando Flores

Dedicado a Sergi Tarín

1. En los años del gobierno de Zapatero pocos eran los ministros y ministras que se atrevían a pisar la ciudad de Valencia. Porque eran visitas que no podían salir bien. A cuenta del agua, del Estatut de Catalunya, del Cabanyal o de los chiringuitos de la playa, Rita Barberá y el Partido Popular les organizaban auténticos escraches de bienvenida (cuando éstos eran desconocidos para todos menos para los populares), grababan su perplejidad con las cámaras de Canal 9 y emitían la humillación infligida en la portada de todos los informativos de la televisión pública autonómica. De esa agresiva y soez manipulación informativa podrían dar fe, sin duda, la ex-ministra de Cultura, González Sinde, o la ex–vicepresidenta del Gobierno, Fernández De la Vega.

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Como es notorio, las cosas han cambiado. La llegada del Partido Popular al Gobierno de Madrid cortocircuitó algunos de los cables más gruesos del victimismo valenciano, y la audacia del President de la Generalitat, al cerrar Radio Televisió Valenciana, prescindió de una de sus herramientas de comunicación, propaganda y autocomplacencia más eficaces. La crisis económica, la corrupción visible, la reducción de las cuantías para inaugurar brillantes inutilidades y comprar voluntades, unidas al hartazgo social, obligaron a transformar el modo de comunicar mensajes políticos e intervenir en el derecho a la información de los ciudadanos. Antes, los efectos reflectantes y cegadores de la propaganda gubernamental aplastaban por sí solos la imagen que el espejo de la prensa decente (muy escasa en el territorio levantino) trataba de trasladar a los valencianos. Ahora, esa imagen, cada vez más clara, y cuanto más clara más deforme, resulta insoportable para los conservadores, pero especialmente para Rita Barberá. Más aún en días de campaña electoral.

2. (a) Rita Barberá entra en el mercado con la nutrida comitiva. En sus flancos un par de concejales y el presidente de la agrupación local, que conoce el terreno; tras ella afilados asesores y afiliados entusiastas (una vez cada cuatro años cerca de la líder) abordan a los vecinos de compras y antes de que puedan abrir la boca ponen en sus manos sobres de voto y propaganda; revolotean fotógrafos que captarán momentos de abrazos y besos, conversaciones alegres y cómplices de la candidata con los vendedores del mercado; desde el altavoz del coche aparcado en la puerta la música triunfal del partido suena a todo meter.

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En este ambiente fabricado y agresivo nada puede salir mal. Intimidados o educados, los vecinos no favorables a la alcaldesa se echan a un lado, prolongan su turno en la cola del puesto y toman con desgana los papeles satinados de colores. ¿Qué otro cosa pueden hacer? La comunicación ha triunfado, la alcaldesa se da un baño de cariño popular y mañana las fotos y titulares de prensa serán inapelables.

(b) Rita Barberá entra el mercado con la nutrida comitiva. Están los concejales, el presidente de la agrupación local, los asesores y militantes, los fotógrafos y la banda sonora a todo meter… Pero además hay un grupo que protesta y un periodista que lo graba todo. Con su aparición nos damos cuenta de que la comitiva también contaba con guardaespaldas. Y empieza la información. Hay algunos empujones y bloqueos, gente a favor de la candidata y gente en contra. Los abucheos se mezclan con la sintonía del partido. La alcaldesa frunce el ceño y sonríe forzada. Se palpa el nerviosismo y la incomodidad. También se respira más libertad. Hay vecinos que se atreven a rechazar la propaganda, algunos increpan a la candidata y la llaman corrupta. Otros, para compensar, la abrazan y besan más fuerte de lo normal, si cabe. Un par de vendedoras se niegan a estrechar la mano tendida de la política, no aceptan su publicidad. El periodista lo graba.

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Desde la perspectiva de la comunicación nada puede salir peor. La imagen de la candidata –cercana, querida, segura, fuerte, incontestada–, queda en entredicho y las encuestas se estremecen. Debe reaccionarse y se aplica el protocolo: si ha vencido la información hay que romper el espejo y su imagen. Se reúne de urgencia el equipo de campaña: primero hay que destruir esa imagen (para eso se fabrica un “relato”), después se telefonea a los directores de los medios (unos más firmes que otros, pero casi todos se cuadran), y finalmente se lanza la contraprogramación: “Boicot a Barberá que degenera en amenazas de muerte” (Las Provincias), “Barberá es increpada en Russafa por personas que ya le pitaron en el Cabanyal” (Levante). Se culpa de la gresca a uno de los partidos –Compromís– que más ha luchado contra la corrupción en Valencia, se publican de forma destacada las fotografías y los nombres de las mujeres que repitieron protesta en dos mercados, solo se da la palabra a la ‘ofendida’ –que habla de odio y persecución hacia su humilde persona–, y asunto equilibrado.

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O casi equilibrado. Una vez destruida la imagen falta ocuparse del espejo, del periodista… De eso se encargan personalmente los secuaces más distinguidos. No hay más que ver la actitud chulesca y amenazante contra Sergi Tarín que muestra en este video (y en éste, un par de días después) el concejal de seguridad, Miguel Domínguez. Su postura es solo un indicio de lo que haría con él si no le estuvieran grabando, si no existieran las malditas garantías constitucionales. Contrariado por las libertades, el concejal se queja de “tener al periodista todo el día encima”, y éste le contesta que él solo hace su trabajo. Ponerle el espejo en la cara.

3. Hace ya unos años Manuel Vázquez Montalbán se preguntaba sobre el poder que tiene un profesional de la información para hacer mínimamente frente a las posibles arbitrariedades de los reales poderes informativos, y en su respuesta reclamaba la necesidad de “recuperar cotidianamente la dignidad que concede la búsqueda de la verdad histórica y popular, sin intermediarios”.

En estos días de campaña es vital reivindicar el periodismo y la libertad de información como derecho de los ciudadanos (no como privilegio de los periodistas), como una exigencia ética, pero también como una obligación jurídica. Es vital identificar a quienes realizan ese trabajo de forma radical y sin concesiones, al menos para comprobar que no es nada fácil enfrentar cada día a la alcaldesa y su partido reaccionario con la imagen que les devuelve el espejo. Es vital, en fin, valorar la información hecha con rigor, y conocer a sus adversarios, porque en buena parte de ella depende que algún día salgamos del agujero en que, poco a poco, ellos nos van introduciendo.

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Fotos: 1ª: Efe, 2ª y 3ª: pantallazos de vídeos de Sergi Tarín, 4ª y 5ª: La Veu