Premios Género y Justicia al Descubierto 2013

 Glenys De Jesús Checo

Lul Ali Osman Barake, es una mujer somalí de 27 años de edad que denunció haber sido violada sexualmente por miembros de la Policía Nacional de su país. Después de un proceso judicial que culminó en febrero de 2013 y en donde fueron violentados todos sus derechos de acceso a la justicia, el juez Ahmed Adan Farah, presidente del tribunal en Mogadiscio que conoció del caso, condenó a Lul Ali Osman Barake a un año de prisión por haber afectado con su denuncia el honor de una institución estatal, un crimen en Somalia. La condena fue más tarde revocada en apelación, pero es una sentencia que no debemos olvidar. Primero, porque Abdiaziz Abdinur Ibrahim, el periodista que dio a conocer el caso de Lul Ali, permanece en prisión, también por haber ofendido el honor de las instituciones públicas. Segundo, porque el caso de Lul Ali no es aislado, no sólo ocurre en un país pobre y machista como Somalia.

Muy por el contrario, sentencias judiciales como ésta, basadas en fuertes estereotipos de género, que discriminan y dejan indefensas a las mujeres frente a la violencia, ocurren en todas partes del mundo. Sus consecuencias son terribles, dolorosísimas para las víctimas y sus familias y un espanto para las sociedades que continúan recibiendo por parte de sus representantes públicos mensajes que perpetúan la violencia contra las mujeres.

“Está bien violar, golpear y asesinar a mujeres”, “no existen consecuencias para los perpetradores” y “no hay necesidad de investigar lo que estas quejosas malintencionadas dicen, total: son sólo mujeres y niñas”.

Este es el subtexto de sentencias que se visten con las mejores galas del lenguaje del derecho, que no de la justicia.

Una manera de verificar esta afirmación que hago es visitar la web de los Premios Género y Justicia al Descubierto, creados por la organización internacional de derechos humanos Women’s Link Worldwide, y echar un vistazo a las sentencias judiciales que recogen. Estos Premios castigan o felicitan a las decisiones judiciales más negativas y positivas para la equidad de género, nominadas cada año a través de la web por convocatoria abierta. Los premios castigo son los Garrote y los positivos, los Mallete. Este año, la decisión judicial en el caso de Lul Ali Osman Barake, fue galardonada con el premio de la vergüenza Garrote de Oro a la decisión judicial más retrograda para la equidad de género. Los Garrote de Plata y Bronce no son menos sangrantes.

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Una mirada a la justicia en el Día Internacional de la Mujer: Premios Género y Justicia al Descubierto

Por Women’s Link Worldwide

Los Premios Género y Justicia al Descubierto fueron creados por la organización internacional de derechos humanos Women’s Link Worldwide para visibilizar las mejores y peores decisiones o pronunciamientos relacionados con la equidad de género, hechos en español o inglés, dentro de un proceso judicial. Cualquier persona, desde cualquier parte del mundo, puede nominar una decisión y votar por las que otras personas hayan nominado.

Luego, un jurado conformado por tres reconocidas personalidades, selecciona los casos ganadores del premio “MALLETE” si promueven la equidad de género y del premio “GARROTE”  si son retrógrados y discriminatorios. En la categoría “Selección del Público” ganan las decisiones o pronunciamientos que obtengan la mayor votación del público.

Desde la primera edición en 2009, los premios se han ido consolidando como un espacio para apoyar el trabajo de las organizaciones sociales de derechos humanos de las mujeres. Así por ejemplo, en la edición 2012 el Garrote de Plata fue para el Tribunal Supremo de Puerto Rico por su decisión de que, una mujer casada que recibió una paliza brutal por parte de su amante, no tiene derecho a ser protegida contra la violencia de género dentro de una relación “adúltera”. Según este tribunal, la ley sobre violencia de pareja está destinada exclusivamente a proteger a la mujer dentro del matrimonio tradicional. La asignación del Garrote a esta sentencia como una de las decisiones más retrogradas y que más negativamente afecta a la equidad de género, fue utilizada por grupos de mujeres en Puerto Rico para aumentar la presión sobre el sistema de justicia y apoyar sus denuncias sobre las actitudes discriminatorias y sexistas de los jueces.

En Nicaragua, el Garrote del Público 2012 para la Corte Suprema de Justicia fue utilizado en el mismo sentido. Las organizaciones de mujeres hicieron manifestaciones frente a este tribunal apoyándose en que la decisión fue objeto del reproche internacional. En el caso, la Suprema Corte redujo una condena por violación bajo el argumento de que el acusado se encontraba en un estado de arrebato sexual por la ingesta de alcohol, añadiendo que la víctima había cooperado con su agresor.

En el otro extremo, los casos de buenas prácticas judiciales son reconocidos por su valor y promovidos como ejemplos de buenas prácticas.

Paralelamente a este uso por parte de las organizaciones, lo premios se han ido convirtiendo en una herramienta poderosa para sensibilizar a los tribunales, que responden a la valoración negativa o positiva que hacen los ciudadanos de sus decisiones. Ya que la nominación de los casos no la hace Women’s Link sino las organizaciones o ciudadanos de los países que participan, el diálogo que se fomenta es directo. Pero más aún, la elección de los ganadores se hace entre pares, ya que los jurados, en su mayoría, son jueces y juristas prominentes con la legitimidad para juzgar a los juzgadores.

Garrotes y Malletes pueden ser entendidos como muestras de la lucha por los derechos que se desarrolla en diferentes partes del mundo, por parte de movimientos de mujeres y otros grupos afectados negativamente por el aún presente paradigma que concibe al sexo igual al género y como biológicamente determinados, negando así las estructuras simbólicas que posibilitan la dominación y la exclusión.