Doñana otra vez

Teresa Ribera

Los activistas de Greenpeace han logrado, una vez más, parar una actividad que consideran peligrosa para el medio ambiente y, sobre todo, hacer visible para la sociedad un problema complejo sobre el que es importante debatir. En esta ocasión, el objeto de protección es especialmente simbólico: Doñana. Se suman así a la campaña internacional emprendida por WWF “Salvemos Doñana”, con enorme repercusión más allá de nuestras fronteras.

Doñana tiene valor histórico y ambiental; es uno de los espacios emblemáticos más importantes de Europa; representa el origen del movimiento ambientalista ilustrado en nuestro país. Y, sin embargo, esto no ha impedido la aparición y permanencia de presiones antropocéntricas que ponen en riesgo la preservación de sus tesoros: freseros y arroceros buscando agua, delirios de –trasnochada- grandeza persiguiendo la entrada de grandes cruceros hasta Sevilla y, más recientemente, Gas Natural buscando yacimientos y emplazamientos geológicos adecuados para almacenar gas. Sigue leyendo

Cuatro reflexiones a propósito de Kigali y los HFCs

Teresa Ribera

Kigali ha sido testigo de un gran paso en la lucha contra el cambio climático. En la madrugada del sábado 15 de octubre se ha adoptado una enmienda al Protocolo de Montreal a la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono. Reclamada desde hace años por grupos ecologistas y un buen número de países, en los últimos meses se ha convertida en una de las prioridades diplomáticas del fin del periodo Obama. Con su adopción se pretende la eliminación de determinados gases de “vida corta” –los HFCs– que, sin embargo, presentan una tendencia de uso al alza poco deseable. Esta decisión es considerada por muchos como la medida individual más relevante de todas las tomadas hasta la fecha en materia de cambio climático.

Técnicamente, la enmienda acordada incorpora el compromiso de los firmantes de prohibir y retirar de la circulación de forma gradual la familia de gases hidrofluorocarburos –HFCs–, refrigerantes de uso común en neveras y aires acondicionados y con un elevado potencial de calentamiento. Con ello se permite no sólo ayudar a la recuperación de la capa de ozono sino también a evitar la emisión a la atmósfera de alrededor de 70 mil millones de toneladas de CO2 equivalente entre 2020 y 2050. Una cantidad que equivale a las emisiones de 500 millones de vehículos y se equipara al incremento de medio grado centígrado en la temperatura media del Planeta. Sigue leyendo

El primer paso de una nueva marcha por el clima

Teresa Ribera

Algo ha cambiado en muy poco tiempo. Y puede hacerlo de forma todavía más rápida. Sea por la certeza de que respirar aire contaminado acarrea graves problemas de salud, por la indignación que provoca el fraude continuado de VW o por la dulce ausencia de frío a punto de empezar el mes de diciembre, lo cierto es que hoy, más que nunca, los ciudadanos reivindican a las instituciones tomarse en serio el asunto del clima.

Se acabó el miedo a qué pierdo en la transición y llegó la época de la indignación por el coste que nadie parece estar dispuesto a evitar. Que tomen buena nota los más de 150 líderes que participarán en la Cumbre del Clima de París en estos días. Rajoy dice haberlo hecho también. La historia, no la de dentro de 50 años sino la de mañana mismo, será severa con quien teniendo ocasión de hacer no hizo lo suficiente.

Baron Pierre Paulus de Châtelet (Belgian 1881 – 1959 ) , Clouds

Este mismo es el análisis que empieza a extenderse en el ámbito financiero. Inversores de largo plazo y compañías de seguro y reaseguro empiezan a salir de su tradicional y conservador silencio para advertir: invertir en combustibles fósiles es arriesgado financieramente y velaremos porque nadie cometa un error con nuestros recursos hasta el punto de exigir responsabilidades a quien, sabiéndolo, no tome las precauciones suficientes. Pero hay quien va más lejos y apunta a la inmoralidad de obtener pingües beneficios en un negocio que tanto daño causa en el mundo, cebándose muy en particular en los colectivos más frágiles y vulnerables.

¿Significa todo ello que París es “pan comido”? Ni mucho menos. Todavía resuenan los ecos de quienes dudan sobre la necesidad de renunciar a combustibles fósiles para ofrecer progreso; las voces de quienes reclaman un ajuste financiero final con la historia pasada antes de iniciar una nueva etapa… Se mezclan motivos legítimos de preocupación con inercias y manipulaciones. Nadie saldrá ganando de un no-acuerdo y todos, sobre todo los más pobres, saldremos perdiendo de la falta de liderazgo compartido en la transición a un mundo bajo en carbono. Pero un equilibrio justo requiere el compromiso de la comunidad internacional en la búsqueda de respuestas para los que más sufren los efectos del cambio climático, para quienes aspiran a un bienestar que deberá construirse de un modo distinto y, en último término, para quienes corren el riesgo de perderlo todo… hasta el suelo sobre el que construyen sus casas y siembran su alimento.

Captura de pantalla 2015-11-29 a la(s) 23.30.34

De vuelta a casa, en España, será importante asegurar que los hechos acompañan las palabras, que las agendas políticas, la vida municipal y las estrategias empresariales se aprestan a buscar la coherencia que todavía nos falta. ¿De verdad nos creemos las utopías gasistas y petroleras? Necesitaremos acompañar a los mineros –que no al carbón– en un proceso de transición justa hacia un modelo económico viable para ellos y sus familias en sus comarcas. Se requerirá pensar y poner en práctica ese 100% renovable para mediados de siglo que tanto bueno puede aportar a la economía, la innovación, la factura energética y el medio ambiente. Y exigirá también corregir la escandalosa invitación a enladrillar la costa con la que este último gobierno nos ha obsequiado, a reinterpretar el demagógico “agua para todos” y en cualquier circunstancia para afirmar un “agua para que todos podamos beber” hoy y mañana pero ni para todo, ni esquilmando los escasos recursos de los que disponemos, ni a cualquier precio.

Hay mucho y bueno en el horizonte. Atisbamos por primera vez la oportunidad de asentar las bases de un nuevo modelo de prosperidad global, más inclusivo y coherente con los límites físicos de nuestro entorno. Esto va en serio y genera una nueva forma de entender las políticas públicas, la regulación y los sistemas fiscales, las relaciones comerciales y de cooperación, las estrategias empresariales, la aplicación del conocimiento y la rendición transparente de cuentas para aprender juntos a construir nuestro futuro común.

Ojalá, ojalá… En quince días podamos celebrar el primer paso de una nueva marcha por el clima a la luz del sol.

 henri_rousseau-jardines-de-luxemburgo

El guionista de Los Simpson y el legado de Springfield

Teresa Ribera

“El medio ambiente es… la felicidad”, me dijo a principios de abril en tono frívolo y jocoso alguien que, dada su posición y responsabilidades, debería tomarse el asunto mucho más en serio. Menos de quince días después, también en tono burlón, la revista The Economist comentaba las conclusiones del Grupo de Trabajo 3 del Quinto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (5AR del IPCC) en un artículo titulado “Another week, another report”.

Para sentido del humor en cuestiones ambientales y climáticas prefiero, sin duda, a los chicos de Ballena Blanca, revista ambiental de estreno que pondrá a prueba la madurez de los españoles, inspirada –según sus propios promotores- en esa especie de guión de Los Simpson que parecemos estar escribiendo colectivamente en nuestros país  en estos duros tiempos actuales. Más vale tomarse las cosas con un poco de sentido del humor porque, en realidad, no tiene ninguna gracia, e incluso, en función de quien venga el chiste resulta tremendamente irritante.

Burns_sun

La felicidad no sé, pero el “legado” cada vez parece más el de Monty Burns (el dueño centenario de la central nuclear de Springfield). Algo así debe estar pensando un importante sector del Partido Socialista francés, rebelado frente a las políticas de austeridad del recién estrenado Primer Ministro Valls. De este modo se hace visible una socialdemocracia europea desolada que, por primera vez, empieza a mostrar su preocupación por las gravísimas consecuencias de la herencia que dejará esta crisis: décadas de deuda pública que limitarán la capacidad de las políticas, deuda fruto de la socialización de los costes que han dejado los beneficios de unos pocos. Lo que es peor, la deuda lo es también ambiental, incurrimos de forma consciente en una hipoteca cuyos intereses pagaremos con creces y de desigual modo en el futuro.

El 22 de abril se ha celebrado el Día de la Tierra. Una conmemoración que tiene por finalidad, precisamente, recordarnos la importancia de gestionar bien el legado que hemos de dejar a nuestros hijos. Los informes del IPCC son un buen instrumento para ello. Permiten disponer de información solvente, contrastada, resumida y comprensible sobre el comportamiento del sistema climático, los efectos previsibles que conllevaría el cambio climático, y las herramientas disponibles para mitigar las causas que lo originan. Cada uno de estos tres grandes asuntos es tratado por un grupo de trabajo que adopta por consenso entre sus autores y revisores (más de 2000 en total) sus conclusiones. A lo largo de estos últimos meses se han aprobado las conclusiones de los tres grupos de trabajo.

planeta-tierra

Las conclusiones dejan poco margen a las dudas. El incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero y su concentración en la atmósfera ha tenido lugar con arreglo a una pauta más intensa y peligrosa que los escenarios más pesimistas que se barajaron en la elaboración del Primer informe de evaluación hace ahora veinte años. Las consecuencias probables que ofrecen los modelos climáticos son dramáticas en términos de incremento de intensidad y frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, ponen en riesgo zonas densamente pobladas en el sureste asiático, dificultan el acceso a agua potable y a alimentos para una gran parte de la humanidad y, asociado a ello, generan un impacto notable en los factores de riesgo de migraciones y seguridad intra y transfronteriza. Todo ello forma parte de una realidad probable para la segunda mitad de este siglo -es decir… para ya mismo- salvo que hagamos un enorme esfuerzo colectivo por evitarlo.

El Grupo 3 orienta sobre el mejor modo de abordar las opciones de mitigación, indicando el grado de confianza y probabilidad de cada una de sus aseveraciones. Destaca la sostenibilidad de los patrones de desarrollo y la equidad como la base más importante para abordar con éxito las políticas de clima; así como la trascendencia que tiene la actuación colectiva frente a respuestas parciales guiadas por intereses particulares y de corto plazo. Es interesante ver cómo los autores subrayan la trascendencia ética y de equidad que pueden tener las decisiones sobre cómo reducir emisiones y, por ello, inciden en la importancia de combinar adecuadamente las políticas de clima con las de erradicación de la pobreza y acceso a formas básicas de bienestar como son el disfrute de agua y energía.

ranking

Las emisiones relacionadas con este último ámbito –producción y consumo de energía- y con los procesos industriales representan el 78% del total global desde 1970 hasta nuestros días. Si no se adoptan medidas adicionales a las ya anunciadas para reducir emisiones, la temperatura media del planeta aumentará entre 3,7º y 4,8ºC hacia fin de siglo. Los escenarios de mitigación manejados por los autores indican que para mantener la probabilidad de que la temperatura no crezca más de 2ºC es imprescindible acometer drásticas reducciones antes de 2050, lo que requiere cambios radicales de gran escala en nuestro sistema energético. Si retrasamos nuestra actuación los costes en términos de impactos y de reducción se dispararán. No pueden evaluar las distintas combinaciones de efectos secundarios positivos y negativos de las alternativas disponibles para la mitigación pero sí advierten de la devaluación de los activos invertidos en energías fósiles si se toma en serio el asunto del clima. Las conclusiones del grupo 3 incluyen información relevante sobre el potencial que tiene adoptar medidas en energía, en agricultura y usos de suelo; en urbanismo e infraestructuras… y concluye describiendo y valorando diversos instrumentos económicos y financieros que han ido aplicándose en estos últimos años como, por ejemplo, los mercados de carbono o herramientas financieras ad hoc.

Y aquí es donde el guionista de Los Simpson empieza a frotarse las manos. Un informe de estas características es una descripción clara y solvente de la bomba de relojería que tenemos entre las manos, con la enorme ventaja de incluir el manual de instrucciones para evitar su explosión y garantizar un legado “gestionable”. Sin embargo, cuesta tanto sacudirse la apatía que no falta quien, impúdicamente, desvíe nuestra atención prometiendo petróleo y gas baratos y juegue con el miedo colectivo de la recesión para retrasar los cambios en lugar de utilizar la necesidad de cambio como oportunidad para la recuperación. ¡Qué guiones!, ¡qué fuente de inspiración a partir de la vida misma! Viva el humor ácido, si sirve como acicate; pero huyamos de la burla cínica y descreída cuyo objetivo final es garantizar el desánimo que nada cambia. Al guionista, le toca repartir los papeles y decidir el argumento. ¿Cambiamos de serie?

simpson2

¿Quién tiene miedo al cambio climático?

Teresa Ribera

¿Qué tienen en común Lampedusa, la bahía de Bengala y Acapulco? Los tres son atractivos destinos de vacaciones. Los tres han sentido en menos de seis semanas lo que puede llegar a ser una pesadilla cotidiana de la que no es nada fácil salir: los terribles efectos, directos e indirectos del cambio climático en sus vidas cotidianas. India y México intensamente azotados por corrimientos e inundaciones que obligan a desplazar a cientos de miles de personas, arruinan cultivos y generan grandes destrozos en casas e infraestructuras –incluidas las que garantizan educación y asistencia sanitaria, agua potable y electricidad…–. Lampedusa, símbolo de una tragedia que no hará sino aumentar: gentes que huyen del hambre y los conflictos y mueren ahogados a nuestra puerta generando un estremecimiento de horror y vergüenza que en pocas semanas queda convertido en vago recuerdo e indiferencia para todos aquellos que no han sido protagonistas directos del naufragio o el  rescate.

Iguales en libertad y derechos, empezando por el derecho a la vida, la libertad y la seguridad de las personas. Derechos humanos tan elementales, tan difíciles de garantizar y tan amenazados por las consecuencias que un clima distinto, intenso en fenómenos meteorológicos extremos, que está cambiando las condiciones en las que se desenvuelve la vida cotidiana del hombre. Hay zonas especialmente vulnerables y, sobre todo, hay colectivos que lo son todavía en mayor medida: pobres, residentes en zonas bajas, próximas a cauces de ríos o al litoral, barriadas de viviendas frágiles, dependientes de economías precarias basadas en actividades agrícolas… Tensiones asociadas al acceso a agua potable y alimentos, dificultades para satisfacer una demanda energética basada en monocultivos fósil … serán algunas de las constantes en los próximas décadas si no hacemos nada para remediarlo.

No son escenarios de ciencia ficción. Son, simplemente, algunas de las consecuencias asociadas a lo que los modelos climáticos ofrecen como escenarios probables si no se producen cambios drásticos inminentes en nuestros patrones de vida y consumo. Convivir con 2ºC más en la temperatura media no es tarea fácil, pero conseguir que el incremento quede limitado a 2ºC todavía está muy lejos de estar garantizado.

En septiembre, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático aprobó el capítulo de su Quinto Informe de Evaluación dedicado a la ciencia del clima. Actualiza de forma resumida los datos más relevantes del clima observado y proyecta los datos que los más sólidos y contrastados modelos ofrecen para final de siglo. El resultado es todavía más demoledor que el que ofrecían los cuatro informes de evaluación precedentes.

Cambio-climático

Uno de los problemas más grandes a los que nos enfrentamos quienes hemos querido –o queremos– actuar contra esta amenaza es, paradójicamente, que no tenemos suficiente miedo. Los datos son abrumadores pero están relacionados con realidades poco comprensibles o lejanas en el tiempo y en el espacio. Hay, a la hora de la verdad, poca conciencia de que convivimos con ello ya, de que nos afecta de cerca y que lo hará en mucha mayor medida y no necesariamente de forma lineal. Incendios, canícula y sequía es una combinación poco atractiva y, sin embargo, altamente probable en gran parte de la península ibérica para una buena parte del año. Hambrunas, conflictos y migraciones masivas son referencias constantes en los escenarios para África, generando inevitablemente un incremento del tráfico “irregular” de personas en el Mediterráneo. ¿Qué igualdad, qué seguridad, qué educación, qué asistencia sanitaria, qué libertad y qué derecho a la vida podemos garantizar a quién? Podríamos seguir con otros ejemplos… ¿apátridas del clima con países enteros engullidos por el mar?, ¿justicia climática o, dicho de otro modo, quién repara el daño generado por la pérdida de “todo” ocasionadas por terceros?; niños y adultos, mujeres y hombres, ¿se ven afectados en la misma medida?… O podemos, incluso, pensar en realidades más sofisticadas: ¿quién garantiza pensiones a quienes colocaron sus ahorros en acciones de las empresas más seguras y con más alta cotización en bolsa –pero enormemente vinculadas a un modelo llamado a desaparecer-?, ¿qué efectos tienen las reivindicaciones de soberanía y el deshielo del Ártico para la seguridad global?

Trabajar para minorar los riesgos de que las proyecciones más duras se conviertan en realidad es hoy una tarea de “elemental sentido común”, que diría nuestro Presidente de Gobierno. Esto requiere reducir las emisiones que originan el problema, pero requiere también integrar masivamente la variable de adaptación preventiva a las condiciones climáticas más probables, de forma que se reduzca la vulnerabilidad a la que están expuestos, sobre todo, los que, de por sí son más frágiles en nuestras sociedades. Lo que es insensato y peligroso es, sobre todo, no hacer nada, esperar pacientemente al límite…

La carretera